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Vivir y trabajar dentro del área Covid-19 – Parte 2

Vivir y trabajar dentro del área Covid-19
Foto. Reuters

Continuaremos con la segunda parte este relato, agradecemos nuevamente a la Dra. Martha Caterine Acevedo por tomarse el tiempo y platicarnos detalladamente lo que se vive al estar trabajando en un área COVID-19. Si no tuviste oportunidad de leer el primer capítulo, puedes hacerlo haciendo clic aquí.

Círculo vicioso

Al llegar (al hospital), solicitamos el equipo, que ya está empaquetado individualmente y con lo meramente necesario, ni más ni menos, se deben de cuidar los insumos, no podemos desperdiciar porque eso significa dejar sin protección al siguiente turno. Un número específico de personal ya está listo y capacitado para entrar, ese número de profesionales de la salud cada día se va reduciendo porque nos estamos contagiando. Cada vez hay menos personal y más pacientes, el personal que se contagió al principio, se está recuperando y regresando a cubrir al nuevo personal infectado, es un círculo vicioso.

Cada día vemos personal con marcas en la piel por la mascarilla y goggles donde ni la cinta micropore es suficiente, notamos al profesional de la salud con pérdida de peso, ansiedad, sueño y cansancio.

Protección total de cuidado

Foto. Reuters

Entramos a una área restringida que está dividida por una puerta grande de cristal y a su vez una división enorme con plástico, posteriormente caminar un largo pasillo y bajar el elevador para encontrar todas las camas de los pacientes, que nunca son los mismos, ya que estos pacientes son cambiados de lugar o fallecen.

No pasados ni 15 minutos y el calor se empieza a sentir, los goggles se empañan y no logras distinguir a nadie, ni a tu compañero de a lado; nos identificamos por la voz o por siluetas. Tenemos que estar dentro de un edificios sin ventanas, haciendo nuestro trabajo cotidiano con un traje de plástico, gorro, goggles, mascarilla, careta, triple par de guantes, doble par de botas y una bata quirúrgica. El personal entra con el cabello recogido, sin joyería, aretes, collares, relojes; nada, absolutamente nada, tampoco maquillaje, porque el maquillaje evita que la mascarilla selle de manera adecuada.

También se debe de usar zapatos de hule debido a que por el uso constante de desinfectante, ningún calzado aguanta y se rompe, además de que los materiales porosos como la tela fomentan un mayor contagio.

De por si el trabajo es pesado y con todo el equipo se necesita un esfuerzo doble para aguantar desde 6 hasta 10 horas continuas sin poder tomar agua o alimentos, mucho menos ir al baño. Es doblemente pesado porque portar una mascarilla, goggles y careta nos impide respirar libremente, así que fácilmente nos agotamos. Tenemos que gritar, literal gritar todo para que nuestros compañeros y pacientes entiendan lo que queremos decir.

La descontaminación y de nuevo al campo de batalla

Foto. Reuters

Los pacientes pocas veces están estables, la mayoría están graves, así que el personal corre de un lado a otro, nunca hay descanso y cuando miramos, ya es hora de dar informes a los familiares; a veces buenas noticias, pero la mayoría son malas.

Recibir cartas y bendiciones que debemos transmitir a los pacientes para que luchen un día más, regresamos al área COVID-19 a seguir con el trabajo que falta, el personal de enfermería bañando a todos los pacientes, cambiando sábanas y ropa, pasando medicamentos, dando de desayunar y comer a los enfermos, una tarea titánica.

Cuando por fin llega el siguiente turno a relevar salimos al área de descontaminación, donde se rocía completamente al personal con un desinfectante de pies a cabeza y lenta y cuidadosamente nos quitamos el equipo de protección que está prácticamente adherido a nosotros después de tanto tiempo de llevarlo puesto. Al terminar de retirar el equipo terminamos sudorosos, cansados, mojados, con el cabello desacomodado y con la cara cada día más lastimada y marcada. La mayoría del personal está laborando tiempo extra, entonces solo quedan unas horas para descansar y regresar a iniciar turno nuevamente.

¿Qué sucede si un día físicamente están indispuestos a entrar al área COVID-19?

Generalmente se tiene un rol para ingresar, si ese día no te sientes en condiciones de entrar puedes estar en otra área del hospital, pero días siguientes te tocará entrar dos días seguidos.

¿Cómo llevan su celular con ustedes, sabemos que es necesario para comunicarse con los compañeros que están afuera?

Al celular se le colocan dos capas de plástico film o en su defecto una funda protectora de esas para la alberca y al salir en área de descontaminación el celular se lava con gel antibacterial.

¿Cómo aguantan tantas horas sin poder ir al baño, utilizan algunas alternativas?

No podemos ni tomar agua, tampoco comer durante el turno debido al traje que limita realizar muchas actividades fisiológicas. Básicamente si llegas a tener ganas de ir al baño no queda de otra más que aguantar, pero esto ya está teniendo algunas consecuencias médicas para el personal como por ejemplo la presencia de algunas infecciones de vías urinarias, se dice que en algunos hospitales el personal ha llegado a la necesidad de colocarse un pañal o hasta una sonda urinaria para aguantar el turno.

Difícil la tarea diaria de enfrentar a un virus que sabemos está presente en cada individuo, por eso la solicitud máxima de #QuédateEnCasa, por tu salud, la de tu familia y la de todos. Espera la tercera entrega a detalle de Vivir y trabajar dentro de un área COVID-19.

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