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Un buen Padre, relaciones sanas con nuestros hijos

Un buen Padre siempre deberá tener estas características

Un buen Padre; de muy diversos tonos fueron los mensajes de felicitación por el Día del Padre. Hubo desde los que, sinceramente y desde el corazón, manifestaban su agradecimiento y cariño por sus héroes, hasta los que aprovecharon el momento para, entre líneas, expresar uno que otro reclamo emocional.

Para la mayoría de los padres, lo más importante tiene que ver con el cuidado, la educación y el proveer; sin embargo, existe en la sociedad actual un serio problema con la paternidad que se ve reflejado en muchos de los comportamientos de las nuevas generaciones en donde escasean los principales valores sociales.

Niños y adolescentes apáticos, sin intereses reales, sin una visión clara y objetivos definidos, sin carácter y personalidad específicos, que terminan por generar daños colaterales en la sociedad como la violencia, la inseguridad y las adicciones.

Lo que muy pocas personas han podido comprender, es que ser padre significa principalmente, mantener una sana relación. Así como la relación de pareja debe de ser alimentada con paciencia, tolerancia, respeto; etc, la relación entre un padre y un hijo debe de llevar prácticamente los mismos ingredientes.

Relacionarse no es algo con lo que nacemos programados, la ciencia de la relación tiene ciertos principios que, de no seguirlos, pueden generar en nosotros relaciones destructivas y tóxicas.

Estos son algunos de los principios más importantes para tener relaciones sanas con nuestros hijos:

1. Hasta cierta edad, los niños son más emocionales que racionales.

Debido a que el neocórtex, que es el cerebro racional, tarda más tiempo en desarrollarse que el cerebro límbico, que es el cerebro emocional, muchos papás cometen el gran error de presionar a sus hijos tratando de hacerlos razonar como adultos, sin comprender que a los niños les cuenta más trabajo racionalizar por el mismo desarrollo de su cerebro.

2. Al ser emocionales son más creativos.

Les cuesta más trabajo realizar actividades que tengan que ver con cosas mecánicas. Serán inquietos por el simple hecho de querer descubrir cómo funciona el mundo. Tendremos mejores resultados si los ayudamos a expandir su creatividad.

3. Tú eres su refugio emocional.

Si un niño es la tormenta emocional, el padre debe de ser la calma. Muchos padres cometen el error de acrecentar la tormenta emocional de los hijos, cuando deben de ser quienes los ayuden a neutralizar y contener ese desborde emocional. Lo único que puede traer una actitud pacífica es que los padres sepamos guardar la calma en esos momentos de turbulencia emocional.

4. El padre debe de proveer, pero eso es solo el primer paso.

Una vez que el padre crea las condiciones para que su hijo esté “cubierto” en sus necesidades básicas, debe de interactuar con él. Por ejemplo, si el papá le compró un juguete tiene que jugar con él para interactuar, solo hasta ese momento se puede llamar realmente proveedor. Si le da dinero le tiene que enseñar también a usarlo, si le provee ropa le tiene que preguntar cómo la siente, si le gustó. Si le compra un helado lo tiene que compartir con él o le tiene que preguntar cómo le supo. El error de los padres es que solo proveen sin generar ningún tipo de interacción.

5. Nunca debemos dar la espalda a un hijo.

Habrá etapas, como en todas las relaciones, en que nos darán ganas de tirar la toalla cuando la actitud y el comportamiento de un hijo no es el deseable. Sin embargo podremos sacarle mucho provecho y podemos aprender mucho de la relación si somos lo suficientemente pacientes y persistentes con nuestros hijos. Y por el contrario, podemos echar a perder todo el esfuerzo y el sacrificio con nuestra impaciencia e intolerancia.

El mayor premio de un papá es que un hijo agradezca y reconozca el esfuerzo y el sacrificio que se hizo por ellos. Es la única forma de poder realizarnos como padres y solo lo obtendremos aplicando los principios del arte de la relación.

En resumen, la actitud y comportamiento de un niño tiene que ver con su propio desarrollo y no es solo una forma de condicionamiento para que nosotros hagamos su voluntad.

Para ser un buen Padre, debemos aplicar la ciencia de la relación paternal. Alimentar esa plantita todos los días hasta que se vuelva un gran árbol que dé magníficos frutos. Una ciencia que posiblemente nos llevará toda una vida poder aprender.

Enrique Hernandez
Ex redactor funcional de Modernidades

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