El Culto

¿Taxi Libre? La dolorosa suerte de un capitalino

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Foto. Archivo

¿Cuántos de ustedes han hecho la parada a un taxi?. ¡Todos! sería la respuesta. Ahora, ¿cuántos de ustedes han podido subirse a ese taxi a la primera? Estoy seguro que muchos se han quedado callados. Ahora bien, cuántos de ustedes recibieron la pregunta clásica sin siquiera subirse al vehículo de, ¿a dónde va?

Pues esto, es la vivencia diaria que veo sortean miles de capitalinos, día con día para poder desplazarse dentro de la Ciudad de México.

Muchos de los taxis de hoy, niegan otorgar su servicio a los capitalinos por diferentes motivos, prejuicios, lluvia, mascotas, rutas peligrosas, discapacidad, carga de bultos, taxi rentado, etc.

Nula conciencia ante la discapacidad

Hace un par de días mientras daba la indicación de color verde para avanzar en el crucero, pude notar a dos señoras esperar un taxi. Una de ellas estaba en silla de ruedas, la otra, intentaba hacer la parada. Ambas venían juntas. Según mi estimación, pasaron cerca de 25 minutos para que un taxi pudiera detenerse; la razón, ninguno quería frenar su camino para ayudar y trasladar a dos señoras, una reitero, en silla de ruedas.

Después de un período largo a rayo de sol, por fin se detuvo en su andar un taxi, pero para mi sorpresa, su conductor jamás se bajó a ayudar a las dos señoras; solo se limitó a activar su taxímetro mientras con dificultades dichas personas intentaban subirse. Vi acercarse a otra persona que pasaba por la calle, quien ésta al final terminó por ayudar a la persona con discapacidad a subirse al auto color blanco con rosa despintado.

La suerte de estas dos mujeres es diaria; en mi día a día he podido observar a las mismas señoras que vienen de un sanatorio y que en toda la semana, sufren el rechazo y la nula empatía de los prestadores de servicio de transporte privado.

Tarde para la escuela

En este mismo cruce he notado también todas las mañanas a una joven mujer y su hijo de secundaria. Todos los días deberán pasar el viacrucis de esperar un taxi que deseé llevarlos a su destino; la pregunta que alcanzo a escuchar, ¿para adónde van?

Miro con horror desde arriba como pasan los minutos y esta familia no puede cumplir con sus primeras actividades del día. ¿Me pregunto qué será?, ¿acaso será la pesada mochila del joven la que impide que los taxis se detengan?, ¿será acaso que la joven madre va acompañada de un chico adolescente?, ¿será el tráfico cotidiano en las afueras de la escuela?; o tal vez, la maqueta que con esmero va cuidando el chico para que no se dañe.

Espero algún día encontrar la respuesta.

Zapatos sucios

Está lloviendo, el clima se pone frío-húmedo y las calles desbordan pequeños riachuelos. Veo a lo lejos a un joven, le cálculo unos 30 años. Intenta hacer la parada de un taxi, su paraguas apenas logra cubrirlo de la lluvia y sus zapatos denoto desde arriba que están sucios, llenos de lodo.

Ningún taxi se detiene, ¿qué pasa?, ¿ganaron mucho dinero y ya deciden retirarse?, si el joven está empapado de la lluvia, ¿derretirá sus asientos?, ¿su taxi estará muy limpio y el lodo de los zapatos estropearía el acabado por dentro del vehículo?, ¿Qué alguien me explique?

No tengo cambio

Observo acercarse un taxi a mi cruce. Se detiene y miro que baja una señora con una bolsa de mandado. Escucho una voz en tono de molestia decir: ¿Ay, no tiene cambio?, la respuesta de la mujer decir con voz baja, no joven.

“Pues no tengo cambio, vea si en ese local se lo pueden cambiar”, menciona el conductor del taxi con música de trap. La señora con dificultad carga su bolsa mientras intenta cambiar un billete de $50 pesos.

Y aquí mi pregunta es: ¿Por qué no bajó el chofer a cambiar?, ¿estará enfermo?, ¿le dolerá la rodilla?

Yo soy un semáforo que cumple su trabajo de ordenar el tráfico, de permitir el paso peatonal y de evitar en lo posible los accidentes vehiculares; pero también me doy cuenta desde arriba, como la discriminación de los proveedores de transporte privado a cualquier persona se vuelve cada vez más frecuente. Noto el desprecio de los conductores y comprendo porque cada vez más las personas utilizan servicios como Uber, Cabify o Easy Taxi; aunque les salga más caro, la atención al cliente, es como en todo, lo más importante.

Jorge González
Comunicólogo especialista creativo en marketing digital y redacción. Soy consultor eCommerce y periodista apasionado de la historia, la música, la filosofía y las bellas artes. Activista en favor del cuidado animal.
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