Eslabones PolíticosOpinión

Ricardo Anaya y el pueblo

Ricardo Anaya y el pueblo
Foto. Archivo

La imagen de Ricardo Anaya se ha vuelto recientemente muy graciosa gracias a los memes. ¿Será una táctica calculada de su parte o un resultado involuntario? Como sea, lo más probable es que él continúe haciendo videos y que la avalancha de memes siga engordando. El pueblo ríe, ¿pero eso le garantiza algún voto?

A diferencia de la caricatura política, que responde a motivaciones ideológicas e individuales, la viralidad de los memes es de orden espontáneo, es la mano invisible del pueblo que quiere compartir la diversión. Aunque hay una diferencia clara entre los memes espontáneos que mueven a la risa y los memes propagandísticos hechos con mala sangre, Ricardo Anaya es memeable con buena y mala fe.

Ricky Riquín…

Ricardo Anaya es rubio, delgado y tiene varios millones de pesos. Es imposible que la mayoría de los mexicanos logre identificarse con esas características. En una época en la que ocurre una crisis de representatividad democrática y un excesivo énfasis en las políticas identitarias, parece una mala apuesta confiar en su futuro electoral.

Sin embargo, el doctor Anaya posee cualidades, que sólo los más mezquinos negarían, su inteligencia es notable, parece ser bastante disciplinado, resiliente y tolerante. Además es capaz de tejer alianzas con diversos sectores políticos. Su gran problema es que se opacan tales virtudes por su mala estrategia comunicativa.

Si se comunica mal es porque no considera la idiosincrasia de quienes lo escuchan. Probablemente sería un mejor candidato en Canadá que en México. Acá su figura encaja con un nuevo tipo de mexicano: el whitexican, que es una mutación del racismo, políticamente correcto. De hecho, hablar mal de los blancos es una forma cool de tener una postura política.

Antaño, las posiciones políticas estaban dirigidas a juzgar las acciones gubernamentales, el manejo de la economía y los fundamentos ideológicos de las instituciones públicas. Pero ahora, las posturas políticas (o sus imposturas) versan sobre las inclinaciones sexuales, las preferencias para comer y vestir, el color de piel y las películas que se desean cancelar. Hiperpolitizar la cultura ha llevado a la superficialidad y a despreciar ambos campos, tanto la política como la cultura.

A nadie le interesa que Ricardo Anaya sea un liberal de izquierdas. Porque resulta que una propuesta suya como la renta básica universal, propia de los partidos socialdemócratas, impacta muy poco. Lo que sería relevante es que fuera vegano u homosexual, entonces sí que se le consideraría liberal de izquierdas.

El pueblo está en otra parte

Ricardo Anaya se dirige a una minoría de universitarios que jamás lo van a votar. Por otra parte, el pueblo de México, al que no toma en consideración, no tiene interés en las promesas tecnocientíficas de prosperidad futura. A diferencia de muchos universitarios, el pueblo mexicano quiere soluciones concretas para los problemas cotidianos.

En sus videos, Anaya parece buscar al pueblo y fracasar en ese intento estrepitosamente. Se ve tan fuera de contexto, como si fuera un antropólogo despistado. Para colmo, él no es un niño explorador, sino un excandidato presidencial, y expresidente de uno de los partidos más influyentes del país. Es incluso ofensivo que se haga el sorprendido ante los problemas, como si estos dataran de hace dos días. México ha sido un país pobre desde que se constituyó hace doscientos años. En lugar de indignación ante la pobreza, lo suyo más bien parece cinismo.

Los políticos del PRI y del PAN, en efecto, tienen que preocuparse por la pobreza, pero con autocrítica, como corresponsables de ella. Una gira del perdón, con Anaya reconociendo los errores de los sexenios panistas sería mucho mejor recibida que su actual gira para pegarle al presidente. En vez de que parezca un hombre sensible ante los problemas sociales, parece un desvergonzado que después de varios años de irresponsabilidad política se enterara de la existencia de la pobreza.

El pueblo, un punto ciego

Imitar a AMLO en recorrer una gran cantidad de municipios, no es mala idea. En especial, el PAN, si quiere sobrevivir, debe refundarse. Quizá Anaya no quiera seguir en el PAN, sino fundar su propio partido político o unirse a uno nuevo. Es significativo que no se vean colores panistas en la campaña anayista. Va por la libre. Para bien y para mal, es una audacia que también debe reconocérsele.

Sin embargo, para que su campaña tenga éxito, necesita dejar leer a los liberales colonizados que sigue. Entre las cosas que caracterizan ese grupo intelectual está su elitismo y su falta de respeto hacia la soberanía nacional, así como su tendencia a idealizar el progresismo estadounidense. De esos polvos, estos lodos; guiado por una ideología torpe, Anaya termina como el señor de los memes. Esto se debe a la desvinculación de los liberales con la clase trabajadora. Habrá que reconocer que el liberalismo es insuficiente para comprender a México, pues es una doctrina política con un punto ciego: el pueblo.

Quien quiera vencer a la 4T, previamente, necesitará considerar al pueblo de México como un sujeto político. De hacer lo contrario, es decir, renegar del pueblo y lanzar elogios al presidente de Estados Unidos (Biden o Harris) para que limite a AMLO sería un camino al precipicio. Tal ha sido la propuesta intelectual más lamentable de los últimos años en México. Anaya seguirá siendo el hazmerreír de las redes sociales si sigue escuchando a intelectuales de esa calaña.

Los partidos de oposición se están hundiendo, en buena medida, por no ser autocríticos y por seguir consejos de una élite intelectual que ya está desactualizada. Para que la 4T tenga una competencia política fuerte y que sea benéfica para el pueblo, también debe basarse en una renovación de las ideas. Hoy, la intelectualidad opositora, tanto socialdemócratas como liberales, parecen incapaces de autoexaminarse, no reconocen los sesgos de sus análisis ni la debilidad de sus propuestas.

En fin, he querido juzgar sin dureza ni suavidad a Ricardo Anaya, mi juicio no es personal, es político. Básicamente le formulo cuatro recomendaciones: 1) Sé autocrítico con los sexenios pasados. 2) Deja de confrontar a AMLO obsesivamente. 3) Habla del pueblo de México como un sujeto político. 4) Dile a Yadi que tome la línea amarilla: de Pantitlán a Instituto del Petróleo, que no manche,  y de ahí a Lindavista, ya nada más es una estación; ¿qué tiene que andar transbordando en Balderas y 18 de marzo?, es más vuelta; se va a ahorrar como 10 minutos.


Fuentes
Antonio Rangel
Líder de Opinión de Modernidades - Poeta, narrador y ensayista. Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, ahí mismo cursé la Maestría en Letras. Colaborador en diversas revistas literarias. Actualmente profesor de Literatura. Interesado en las ideas de la libertad, el debate plural y los problemas educativos.

Los comentarios están cerrados