¿Quiénes son conservadores en México?

En México hay personas que podrían identificarse en el espectro político como conservadores. Sin embargo, el conservador mexicano carece de representantes en el concierto de opiniones que se difunden en los medios masivos de comunicación. Por ello, sospecho, el conservador ha sido caricaturizado y reducido a un hombre de paja. Quizá con mayor énfasis en este sexenio, pero durante más de un siglo se ha falseado lo que ser conservador significa.

Los militantes de una ideología tienen poco interés por la verdad y mucho afán de encontrar propaganda efectiva. Por eso no les interesa definir los conceptos con precisión, pues los usan con otros fines: para impactar, seducir y convencer acerca de sus proyectos políticos. En ese sentido, al conservador se le achacan solamente defectos: fanatismo religioso, corrupción, injusticia, hipocresía, odio a diestra y siniestra. Un malvado absoluto, a la vez muy tonto, pero con muchísimo poder.

Ese hombre de paja, el malévolo conservador, no resiste ningún análisis intelectualmente honesto.  Lo cierto es que el conservadurismo es una postura política respetable, muy distinta del relato que ha construido tanto la militancia de izquierda como los liberales de derecha.

Características del conservador

La primera característica del conservador es el escepticismo. A diferencia de los activistas políticos que tienen fe en las teorías que les convencen, el conservador es escéptico. No tiene una teoría sobre el correcto funcionamiento de la sociedad para todo lugar y todo momento. Su base es el empirismo, la experiencia, aquello que ya ha demostrado su utilidad.

Mediante la caricatura, se dice que el conservador quiere conservar los privilegios que posee por puro egoísmo y por ende se opone al progreso. En realidad, el conservador manifiesta una duda legítima: ¿por qué tendríamos que ser optimistas con respecto a los cambios que llaman progreso? Además, el conservador no frena los cambios, por el contrario, su postura política consiste en reformar aquello que presenta problemas. Sólo que propone un camino precavido, en el que exista un amplio diagnóstico y una evaluación de los avances.

Cuando el progreso es patente, ningún conservador se opondrá a éste. Pero cuando el progreso es una posibilidad, el conservador lo cuestiona, ya que carece de fe. Imaginemos un político que asegure que sus promesas de campaña son el progreso y que quien se oponga a él es un despreciable conservador. ¿No sería legítimo dudar de tales promesas?

El método conservador

El método inductivo es el método del conservador. Observa hechos de la vida real y de ahí obtiene conclusiones. Esto me parece necesario para en verdad diseñar políticas públicas que tengan impacto en la gente. Las teorías funcionan a la perfección en el papel, en las aulas universitarias, pero al llevarlas a la calle suceden hechos inesperados. Por eso me parece que ante la bipolaridad derecha-izquierda es conveniente tener un tercer punto de vista, no teórico, sino basado en la experiencia histórica.

Por ejemplo, los partidos socialdemócratas en todo el mundo proponen a finales de año, acordes con su doctrina, subir el salario mínimo. En contraste, los liberales clásicos, quienes confían en el libre mercado, basados en su propia teoría económica argumentan que el aumento al salario mínimo puede causar desempleo o incremento de precios. ¿Y el conservador de parte de qué lado se coloca? Dependerá de las circunstancias y las evidencias. Si encontrara evidencias históricas de que el aumento al salario mínimo disminuye la pobreza, lo apoyaría; si no las hay, sería escéptico.

¿Sería escéptico porque defiende privilegios y el status quo? Por supuesto que no. Lo que defiende es la pertinencia de observar las distintas soluciones conocidas para un problema. En el caso del salario mínimo en México, un conservador podría preguntarse: ¿si éste va a beneficiar a la señora que vende quesadillas? ¿Le irá mejor al muchacho de la tienda de abarrotes? ¿Van a ganar mejor quienes dependen de bonos de puntualidad, productividad y comisiones? ¿Todos los sectores deberían aumentar salarios, aunque estén padeciendo una crisis severa como el turismo? ¿Qué pasa con quienes trabajan por horas?

El conservador mira la realidad, no mira las teorías, por más bonitas que parezcan. La gran ventaja de ir de lo particular a lo general es que mantiene una buena dosis de realismo, así recuerda que hay una diversidad tanto de problemas como de soluciones.

Lo que ama el conservador

Otras características que me parecen destacables de esta postura son su nacionalismo y su localismo. Un conservador amaría a México, pero en especial a su comunidad local. Tal amor lo trataría de convertir en una propuesta para la gestión en pequeña escala de los asuntos públicos.

Asimismo, el amor por la tierra natal (oikofilia) del conservador es compatible con el cuidado de medio ambiente y con una crítica a la racionalidad económica del capitalismo industrial que puede causar estragos en los ecosistemas.

Otro rasgo conservador es el apego a la familia, ya que a diferencia del liberalismo, los conservadores no toman como sujeto al individuo atomizado, ni tampoco como los socialistas a un sujeto colectivo (la clase o el género). Para la visión conservadora en el seno familiar surge la responsabilidad mutua, con ello el reconocimiento de derechos y deberes, que consideran la clave para superar conflictos.

Por todo lo anterior, considero que en México mucha gente podría identificarse con pensadores conservadores como Roger Scruton, Michael Oakeshott, Edmund Burke. Por mi parte, aunque no me siento conservador, afirmo que las ideas conservadoras harían menos polarizantes nuestros debates. Porque nos recordarían que hay un “nosotros” con derechos y obligaciones. Principalmente la obligación de cuidar lo que recibimos y lo que dejaremos como legado.

Las cosas buenas son fáciles de destruir, pero no son fáciles de crear.

Roger Scruton

Fuentes

Scruton, R. (2018) Cómo ser conservador, Homo Legends, Madrid.

Líder de Opinión de Modernidades - Poeta, narrador y ensayista. Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, ahí mismo cursé la Maestría en Letras. Colaborador en diversas revistas literarias. Actualmente profesor de Literatura. Interesado en las ideas de la libertad, el debate plural y los problemas educativos.

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