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Opinión – Ya terminó el sexenio de la 4T

Opinión - Ya terminó el sexenio de la 4T
Foto. Zacatecas en imagen/ Captura de Pantalla

Este sexenio, que comenzó alentando las más altas expectativas, ha fracasado. No es que esté fracasando ni que vaya a fracasar en los tres años que restan para la sucesión presidencial, el problema es que ya se terminó. La 4T no tiene futuro porque su proyecto de transformación se limitó al discurso. No hay ninguna reforma constitucional importante en el horizonte, no hay ningún proyecto de infraestructura que sea esperanzador y, por consecuencia, la acción que más interés suscita es descubrir a quien elegirá el presidente como sucesor.

Grandes esperanzas, lógico fracaso

Desde un punto de vista realista, la 4T era un proyecto exagerado. Se ofrecía como un periodo tan transformador como la trinidad histórica: Independencia, Reforma y Revolución. Era un sueño demasiado grande. Lo más verosímil es que los entusiastas de la 4T tampoco creyeran en esa fantasía. Quizá los únicos que siempre creyeron fervientemente en la 4T, todavía deben de ser creyentes, son las huestes de FRENAAA.

Acaso el discurso de la 4T funcionó a nivel del inconsciente colectivo. Entre los mexicanos existía la idea de que el liderazgo de un hombre era lo necesario para la transformación del país. Un líder con valores incorruptibles, un héroe infatigable, la figura arquetípica del redentor, eso subyace en el inconsciente colectivo del mexicano. AMLO no es el inventor de la esperanza ni un diseñador de arquetipos en la mente humana.

El fracaso de este sexenio debería conducirnos a enfrentar el tema del liderazgo. ¿En verdad no hay transformaciones sin un líder? Especialmente en el caso de líderes carismáticos, ¿no podemos dejar de atribuirle a una persona cualidades excepcionales? ¿Cuáles serían los contrapesos para evitar que un liderazgo se volviera opresivo?

Sobre el tema del liderazgo, algo que se tiene que discutir es la posibilidad de una revolución molecular, es decir, una revolución sin líderes y que, pese a ello, resulte una gran transformación. Pero por ahora volvamos al fracaso de la 4T.

¿Por qué fracasó la 4T?

En principio, por sus promesas excesivas. El gran problema de prometer acabar con la corrupción es querer tener éxito. Porque si se quiere presumir haber triunfado sobre un problema imposible de erradicar, se tiene que mentir. Y más allá de la mentira, el resultado es que se esconden o se niegan los problemas. Cuando este gobierno afirma que la corrupción ya se acabó, lo que dice es que todos los corruptos del actual gobierno pueden estar tranquilos porque nunca serán denunciados ni perseguidos ni castigados, pueden robar todo lo que quieran porque ya no hay corrupción. La corrupción sólo son los otros.

La otra fuerte razón por la que fracasó la 4T es por la falta de ideas. En vez de buscar una discusión racional, el gobierno decidió optar por los linchamientos digitales, por las calumnias, por los ataques masivos de bots, por darle voz y resonancia a lambiscones, cuyo mayor problema es carecer de ideas constructivas. Pareciera que su pensamiento se limita a denostar al PRIAN, al conservadurismo, al neoliberalismo, a los periodistas.

Otras causas del fracaso de la 4T fue la división interna de MORENA. Era un movimiento muy heterogéneo desde su fundación, pero podríamos dividirlos en tres grupos: quienes veían en AMLO un fin, y quienes lo veían como un medio para cambiar al país o para alcanzar el poder posteriormente. Dicho de otro modo, unos apoyaron a AMLO por la fuerza de su liderazgo y esa potencia de las esperanzas. Mientras que otros lo apoyaron con la idea de cambiar el rumbo económico del país. Este segundo grupo ya comprendió que la 4T no funcionó. Y quienes vieron en AMLO un medio para obtener el poder, ya lo consiguieron y por eso mismo la 4T les empieza a estorbar.

La 4T fue un sexenio de tres años

Los candidatos para suceder a AMLO, no tienen como prioridad la 4T, sino acaso una 5T, o bien, un cambio completo de objetivos. Así que la 4T les resulta un estorbo. Por eso, aunque estamos a mitad del sexenio, éste ya no tiene gas. Los presidenciables han mostrado muy pronto sus ambiciones.

La tragedia de la Línea 12, sacudió a Claudia Sheinbaum y a Marcelo Ebrard que estaban en primera fila como presidenciables. Ninguno de los dos ha perdido la posibilidad de disputar la presidencia, pero han perdido la posibilidad de estar ocultos detrás de AMLO. Quedaron expuestos a la línea de fuego, tanto externo como interno.

Si se sigue hablando de la sucesión presidencial, habrá necesariamente dos implicaciones: las acciones del gobierno actual pasarán a segundo plano y, en especial, el referéndum será visto como una payasada irrelevante. Sólo una oposición completamente despistada le daría importancia al referéndum.

El gobierno de AMLO durante sus primeros tres años tuvo mucha popularidad, no por la efectividad de sus políticas, sino por su gran capacidad para captar la atención y generar polémicas. Si ahora la atención se dirige a los presidenciables, significa que la 4T está liquidada, que ya no hay esperanza de que este gobierno, en el tiempo que le resta, sea transformador.

Vivir en campaña, vivir de sueños

El gran problema de que México viva tres años de campaña política hacia el 2024, es que se trata de apostarle a un sueño nuevamente. Si en vez de criticar programas realistas, discutimos proyectos idealistas, lo que sucede es la postergación. Las campañas políticas son una forma de procrastinación colectiva. En vez de mejorar al actual gobierno, imaginamos que un gobierno futuro puede ser mejor.

El fracaso de la 4T debería verse como un fracaso colectivo, en el que se incluya a los opositores. No como un fracaso exclusivo de AMLO y sus colaboradores y votantes. El fracaso radica en que los grandes problemas de México prevalecen: el señorío del narcotráfico, los homicidios, la pobreza extrema, la falta de oportunidades laborales, el nulo crecimiento económico. Y otros problemas que empeoraron: mayor inflación, polarización social, la impunidad como norma de gobierno.

México no tendrá futuro si no tiene presente. Es hora de renunciar a las esperanzas y hacer lo que nos corresponde en este mismo día. México requiere trabajo duro, trabajo bien hecho, espíritu de perfeccionismo. Hagámoslo bien ahora mismo. Sin esperar a 2024.


Referencias
Antonio Rangel
Líder de Opinión de Modernidades - Poeta, narrador y ensayista. Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, ahí mismo cursé la Maestría en Letras. Colaborador en diversas revistas literarias. Actualmente profesor de Literatura. Interesado en las ideas de la libertad, el debate plural y los problemas educativos.

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