Opinión — La polarización social en EEUU

Opinión — La polarización social en EEUU

Foto. Archivo

Después de varios días, sabemos que Joe Biden será el nuevo presidente de EEUU. Un país donde la polarización social es un problema que ha ido en aumento.

La polarización social en EEUU: Expectativas de cambio

En la política no hay victoria que no genere en los ganadores expectativas de alcanzar más de lo conseguido. El sábado pasado los anti-Trump celebraron en ciertas calles de EEUU el resultado electoral. Su alegría está vinculada al desprecio que sienten por Trump, pero también, apuesto, a la esperanza de que obtendrán más triunfos políticos en el futuro. No buscan más victorias electorales, sino ganar en forma de legislaciones, de gasto social y de un consenso en la opinión pública.

Si las eufóricas personas que celebraron la derrota de Trump, se conformaran con tal anuncio, hoy yo escribiría sobre la despolitización. Pero esas personas no festejaron igual que los aficionados a un equipo de béisbol un campeonato. A diferencia de los fanáticos deportivos, los fanáticos políticos tienen expectativas de cambio. Algunos esperan un retorno a la era de la plena hegemonía americana; otros imaginan un futuro de mayor igualdad económica, racial y de género.

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Joe Biden difícilmente podrá cumplir tales expectativas. Aunque ciertamente no es en él en quien están depositadas las esperanzas. A Trump se le atribuyó tal cantidad de defectos, que se perdió de foco eso que suele llamarse el establishment; es decir la presencia de un sistema político y de poderes fácticos, los cuales nunca pierden elecciones. Pues bien, las esperanzas más ingenuas están depositadas en que Trump haya sido el culpable de la polarización social y de cualquier otro problema. Las esperanzas menos ingenuas están puestas en acabar con el neoliberalismo.

Pew Reserch Center, 2014

La polarización, problema global

La polarización social no es un problema exclusivo de EEUU. En México tenemos nuestra propia polarización, esto significa un enfrentamiento entre posturas irreconciliables. Llámesele fanatismo o extremismo, lo cierto es que en el momento en el que se rechaza la posibilidad de llegar a acuerdos o de negar los puntos en común y se rompe el diálogo, estamos ante la polarización.

No comparto la hipótesis que expone el documental The Social Dilemma, sobre que las redes sociales sean las principales responsables de tal polarización, aunque sí acepto que es un factor importante a considerar, en especial por las cámaras de eco que se forman.

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En esencia, la política es gobernar el conflicto, a través de un conjunto de prácticas que tratan de legitimar el orden establecido o el orden por venir. Por eso, entiendo que Biden declare que gobernará para todos y que sus adversarios no son enemigos. También entiendo que los republicanos lo feliciten. La mejor forma que tienen los políticos profesionales, como Biden, de frenar los conflictos es despolitizando, es decir, quitando leña del fuego, bajando el tono, extendiendo su mano franca, aunque realmente no sea franca.

La polarización rompe la unidad nacional

La hiperpolitización

Sin embargo, pienso que ni en EEUU, ni en México estemos en la antesala de la despolitización, por el contrario, es más preocupante la hiperpolitización. La extensión de la política a esferas de la vida que no le corresponden. Actualmente, las películas se politizan, los deportes se politizan, la música se politiza, las compras en el supermercado se politizan. Y lo propio de lo político es polarizar a la sociedad.

¿A alguien le parecería extraño decir que la pandemia actual es un asunto político? Sin embargo, es un problema médico en primera instancia.

Desde hace treinta años, han fallado los políticos de derecha que pretendieron despolitizar la vida haciéndonos creer que todos los grupos y todos los intereses cabían en un mismo proyecto. La palabra “todes” o “todxs” para mí simboliza esa ruptura con proyectos políticos (como el de Biden) que pretenden hablar por todos. El auge de las minorías vino a recordar que hay un conflicto esencial en la esfera pública.

En otras palabras, las disputas por el poder van a continuar. Los desacuerdos sobre qué ley y qué orden deben regir en la sociedad seguirán su lucha. Ni Biden, ni Trump pueden detener la marea de las guerras culturales. La polarización social continuará en todo el orbe porque es el resultado de que la política invadiera otras esferas de nuestra vida: la educación y el arte, la sexualidad y el baile, la comida, el habla que hoy “normalizamos” y hasta el modo de sentarnos.

La polarización social sólo podría disminuir cuando esos ámbitos no estén asediados por teorías del poder. También cuando tenga límites firmes la clase política interesada en extender su esfera de influencia.

Fuentes

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