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Opinión – La enseñanza de las elecciones

Opinión - La enseñanza de las elecciones
Foto. Miguel Sierra / EFE

En Coahuila e Hidalgo hubo elecciones el pasado 18 de octubre, si los partidos políticos tienen autocrítica podrán extraer una buena enseñanza de ambos procesos, de lo contrario, es posible que cometan los mismos errores en los comicios del próximo año.

Ese mismo día, en Bolivia, el MAS (Movimiento al Socialismo), ganó las elecciones presidenciales y ayer, en Chile, la izquierda obtuvo otro triunfo en el plebiscito para una nueva constitución, la undécima de ese país. De estas votaciones, también podemos obtener una enseñanza para México. No vivimos en una isla, sino en un mundo interconectado.

La enésima vuelta del PRI

Primero pensemos en las elecciones locales de Coahuila e Hidalgo. El partido ganador en ambos estados fue el PRI. En Coahuila consiguió 16 de 16 distritos, en cada uno tuvo amplia ventaja. Se llevó la mitad de los votos totales. La única objeción posible sería que, hubo un porcentaje bajo de participación, menos del 40 %, lo cual es comprensible dado el contexto actual.

Por lo que respecta a Hidalgo, una entidad mucho más compleja, con más partidos políticos y más candidatos independientes, también con alianzas peculiares, el PRI obtuvo el triunfo en 32 de los 84 municipios. No fue avasallador como en Coahuila, pero todavía va a impugnar 15 municipios en los que el resultado fue cerrado.

Para un análisis más detallado de lo ocurrido en Hidalgo: Le fue mal a Morena en las elecciones de Hidalgo ¿Realmente?

El PRI como ganador va a intentar que estos triunfos locales se repliquen el próximo año a nivel nacional. Continuará con su estrategia de ser una oposición moderada, sin beligerancia y construirá la narrativa de ser partido que sabe negociar, y que por enésima vez se ha renovado. No dirán “enésima”. ¿Eso es hacer muy poco para salir victorioso? Sí, pero los otros partidos se sabotean a sí mismos.

Elegir al personaje o al proyecto

El PAN y el PRD cada día se parecen más entre sí y eso los desdibuja. Proyectan básicamente que son anti-AMLO, lo cual es tan inconsistente como lo es el Presidente. Están apostando por la desesperanza, por el llamado voto de castigo. Si no modifican esa difusa identidad y dejan de usar como principal propuesta política no ser AMLO, es posible que sigan hundiéndose.

Con respecto a Morena, me parece que ha llegado un momento de definición: o se vuelve el partido del Presidente, o se vuelve un partido de izquierda. Este movimiento debe escoger entre convertirse en “MALO” (Movimiento de Apoyo a López Obrador) o en “MITHO” (Movimiento Igualitario de Transformación Honesta). Pueden encontrar mejores nombres.

El dilema es si Morena prefiere ser un segundo PRI, ambiguo y presidencialista, o se vuelve un partido con un auténtico proyecto de nación. Pienso que la forma en que interprete sus resultados en Coahuila e Hidalgo puede definir su rumbo.

La interpretación errónea es considerar que sin AMLO, Morena no puede conseguir victorias. Ésta es la interpretación de Porfirio Muñoz Ledo, quien ha tenido una larga experiencia en el culto al presidente en turno.

El problema, a mi juicio, es que Morena no ha generado una sana distancia con el Presidente; es decir, no queda claro cuál sería la agenda política en común que tendrían los legisladores locales de Morena en un contexto en el que AMLO no figurara.

Enseñanza de las elecciones del sur

Por otra parte, conviene dirigir la mirada hacia el sur, a Bolivia, donde el MAS obtuvo el 55 % de los votos, 26 puntos porcentuales por encima de su rival más cercano. Una gran diferencia con respecto al año pasado, cuando postularon por cuarta vez a Evo Morales. En 2019 no obtuvieron la mayoría absoluta, ni una ventaja de más de 10 puntos. Pese a que entonces era el partido gobernante.

Una hipótesis válida es considerar que Evo Morales, después de ejercer el poder por catorce años, le restaba votos al MAS, en vez de sumárselos. Los políticos que se engolosinan con establecer un culto de sí mismos terminan por desgastarse. Asimismo, la reelección de un político con personalidad avasalladora, luego de varios periodos, desfigura al partido que lo postula.

El triunfo del MAS en Bolivia no fue el triunfo de Evo Morales, por el contrario, fue la demostración de que un personaje carismático es innecesario para que un proyecto socialista gane elecciones. Por otra parte, indica que la tesis del golpe de Estado contra Morales era ridícula.

La otra muestra de que no hace falta un líder carismático para conseguir un respaldo popular fue el plebiscito en Chile, pues la izquierda chilena, no cuenta con un líder que monopolice la atención; sin embargo, impuso su agenda política y, ahora, impulsará una nueva constitución, a pesar de no ser la fuerza mayoritaria en el congreso. Este ejemplo, lamentablemente, también puede animar a la izquierda radical mexicana a avanzar en la táctica del vandalismo.

En tanto, en nuestro vecino del norte, es muy probable que la próxima semana el Partido Demócrata obtenga cinco o seis millones más de votos que Trump, a pesar de tener un candidato perfectamente sustituible.

La oposición de izquierda

En suma, la enseñanza de las elecciones en Coahuila e Hidalgo, así como los casos de Chile y Bolivia, consiste en comprender que un gran líder es innecesario para vencer en las urnas. El PRI parece ser el único partido en México que lo ha entendido.

Por todo lo expuesto, me parecería comprensible que, en un futuro, AMLO enfrente al interior de Morena cierta oposición. De hecho, si en vez de prestarle tanta atención al Reforma, López Obrador leyera de vez en cuando La Jornada, habría leído a uno de los cerebros del Movimiento, Julio Boltvinik, quien en su columna “Economía moral” escribió que está decepcionado del Gobierno de AMLO, ya que se ha acercado a la derecha en varios aspectos.

Quienes como Boltvinik conserven una firme visión política, necesariamente, tenderán a distanciarse de AMLO en algunas batallas. Quienes, por el contrario, pretendan apoyarlo en todo (o criticarlo en todo), abandonarán el campo político para situarse en impresiones emotivas,  empatía o antipatía despolitizadas y, peor aun, fanatizadas.

Fuentes:

Antonio Rangel
Poeta, narrador y ensayista. Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, ahí mismo cursé la Maestría en Letras. Colaborador en diversas revistas literarias. Actualmente profesor de Literatura. Interesado en las ideas de la libertad, el debate plural y los problemas educativos.

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