Eslabones PolíticosOpinión

Opinión – La derechita cobarde

¿Qué es la derechita cobarde? ¿Quiénes la integran? ¿De dónde salió un dardo tan certero? Ciertamente no de la izquierda que no sabe hacer memes ni del centrismo extremo que tampoco sabe reír. La derechita cobarde es un epíteto de Santiago Abascal, el líder de VOX que recientemente visitó México.

La izquierda quiere hacer de la derecha un monstruo, un mal radical, en suma, una amenaza. Jamás se les ocurriría decir que la derecha es una derechita. Al contrario lo que pretenden es maximizar su importancia: la ultraderecha, el prefijo “ultra” alude a algo implacable, aterrador, demoníaco. Pero tener miedo de la hiper-mega-derecha ultra-fascista, sería tan risible como sentir miedo en una película de Sharknado.

Pensemos en Ricardo Anaya, inspiración de múltiples bromas. ¿Él es un ser temible, un yunque que nos va a aplastar? ¿O, más bien, Ricardo Anaya es como lo muestran los memes: inofensivo y desubicado? Con todo respeto, es un Chicken Little, incapaz de encabezar un fuerte movimiento opositor. A la 4T le vendría mejor otro enemigo, alguien más amenazante, que sí parezca ultraderecha, en vez de “derechita”.

La Derechita y la Poderosísima Ultraderecha

Con el término derechita también podrían incomodarse, precisamente, quienes conforman tal movimiento, es decir, un conjunto de políticos, con su caterva de asesores, acomodados en un consenso de socialdemocracia y progresismo divagante. Esa zona de confort. La base de tal consenso es el pensamiento débil, cuyo peligro radica en atraer a su corriente políticos pragmáticos y sin principios. Esos que parecen arañas trepadoras o chapulines que brincan de un partido a otro.

El típico miembro de la derechita suele tener las siguientes creencias: 1. Izquierda y derecha son ideas del siglo pasado, ya es 2021, no necesitamos esas categorías. 2. No soy de derecha, porque ambos extremos son malos, yo estoy en el centro inmaculado y el que se oponga a mis ideas es un extremista. 3. Tenemos que cumplir la agenda 2030 porque nuestra patria, la ONU, sabe mejor que nosotros lo que le conviene a este país.

Antes de refutar con seriedad esas creencias, cabe mencionar que, en efecto, la derechita cobarde, realmente no es de derecha, sino del centro político, que es en otras palabras la hegemonía cultural. Usualmente se considera que la oposición izquierda-derecha es una concepción dual, pero en realidad es un esquema trinitario, donde el centro está implícito. A la izquierda le conviene disfrazar al centro de derecha para invisibilizar e impedir que la verdadera derecha tenga representación política. Por su parte a los centristas les conviene evadir el esquema izquierda-derecha, para parecer modernos en lugar de tibios, veletas que van donde va la moda.

El mito del centro

Quienes afirman que izquierda y derecha son categorías que ya no deberían usarse porque ya no encajan con la realidad actual, caen en un error de presentismo, puesto que los esquemas nunca fueron la realidad, los mapas nunca fueron el territorio, pero aun así los mapas y los esquemas son necesarios para simplificar los fenómenos complejos.

Nunca ha habido sólo izquierda y derecha, al contrario, algunas corrientes ideológicas han sido transversales a esos conjuntos. La forma en que propongo concebir izquierda y derecha es aceptando que existe un centro y que tal centro representa la hegemonía cultural, luego entonces las disputas políticas son formas de desplazar hacia un lado u otro tal hegemonía.

Opinión - La derechita cobarde
La derechita con sus aliados

Por eso mismo, quienes se adentran en política pueden hacerlo a partir de ciertos principios, los cuales los identificarán más con un lado que con otro. Pero otras personas podrán ingresar en la arena política sin otros valores que los que estén de moda. El político de centro quiere aprovecharse de la corriente en boga, sólo por intereses personales, mientras que los de izquierda y derecha buscan desplazar esa moda hacia sus respectivos terrenos.

El extremo centro existe, es el nihilismo, la ausencia de valores. Es la política de los tecnócratas y la gente convenenciera. Lilly Téllez es emblemática de lo que significa ser del extremo centro: la doble cara, la falta de convicciones, la hipocresía, la impreparación y un montón de ambiciones personales.

El extremo centro carece de valores

Por tanto, deberíamos cuidarnos del político de extremo centro, que en el fondo dice: no tengo valores de izquierda ni de derecha, sólo estoy aquí para conseguirme una mejor vida. No me interesa el pasado lleno de enanos, vivo para el presente, en el que me siento un gigante; también rechazo el futuro, ya todo lo bueno está hecho.

La derechita cobarde y sus causas

¿Por qué nació la derechita cobarde? O dicho en términos más precisos, ¿por qué el auge del centro? Tiene que ver con la historia de los últimos treinta o cuarenta años. Después de caído el socialismo real, se anuncio el fin de las ideologías y el fin de la historia, ambas ideas absurdas. Pero la fatal arrogancia de muchos intelectuales las abrazó con gusto.

Una implicación del fin de la historia es que todas las ideas del pasado ya son irrelevantes, porque sólo condujeron hacia lo actual y la actualidad ya superó al pasado. A la vez, no habrá futuro, porque ya no hay motor de la historia, no hay ninguna necesidad de pensar nuevas ideas. Ya se conoce la fórmula de la sociedad perfecta: economía de mercado, Estado paternalista y un sistema partidocrático que constantemente reciba loas en los medios de comunicación. Nadie debe quejarse.

¿Y qué pasa si alguien se queja? ¿Qué pasa si alguien se siente excluido, discriminado o simplemente cree que se puede mejorar el sistema? Sería un maldito extremista, o un malvado populista, no importa si es de derecha o izquierda, es una amenaza, hay que censurar a todo aquel que se atreva a criticar este sistema que ya alcanzó su perfección y es el resultado del sagrado consenso.

¿Pero si alguien o un grupo no está de acuerdo con tal consenso? Habrá que eliminar a ese alguien o a ese grupo de extremistas. Dado que este sistema se autopercibe como tolerante, cualquiera que lance críticas debe ser por intolerante y habría que cancelarlo. El orden mundial no admite reformas: partidos de centro, fusiones de socioliberales y socialdemocrátas, con una agenda ecologista, feminista y globalista. Si alguien cuestiona estos dogmas debe ser expulsado del espacio público. A este tipo de mentalidad la llamo “el extremismo del centro”.

El centro extremo dominó el mundo occidental aproximadamente de 1989 a 2008. Actualmente ya no domina con plenitud sino que tiene que disputar contra movimientos populares que defienden la soberanía de sus naciones. La 4T es uno de esos movimientos. La mafia del poder que aludía AMLO es la oligarquía del extremo centro: el PRIAN.

Las exageraciones de la derechita cobarde

Desde el consenso que se autopercibe como monopolio de la tolerancia, ser auténticamente de izquierda es ser un extremista, y también ser de derecha. Lo único tolerable para los usurpadores de la tolerancia es ser de centro. Por eso se niegan al diálogo con los otros. Quienes han promovido linchamientos digitales y la cultura de la cancelación en México, son los progresistas del extremo centro.

Es posible que VOX haya cometido alguna imprudencia, como usualmente cometía Trump, y comenten Bolsonaro o AMLO. Pero no por exageraciones en sus discursos, es válido censurar y cancelar lo que cada uno de esos líderes representa en cuanto reivindicaciones legítimas de millones de personas. La verdadera tolerancia no consiste en gritar histéricamente: ¡racismo-homofobia-xenofobia-aracnofobia! Por el contrario, consiste en escuchar y tratar de comprender las razones de la popularidad de ciertos liderazgos.

Quienes odian a los líderes y los acusan a priori, como Krauze, de ser un peligro y la única causa de la guerra y la destrucción, en realidad, están acusando a los pueblos, a las masas por rebelarse ante el orden oligárquico. Ya es hora de ver en la satanización del líder y en la satanización de lo popular: un gran elitismo, que en nada contribuye a una democracia deliberativa y a un verdadero consenso.

Si un supuesto consenso quiere echar raíces en el poder e impedir todo disenso, acusándolo de extremista, usando esa retahíla de adjetivos disparatados (fascista, racista, taxista, etc.), entonces habrá que comprender que para seguir defendiendo la libertad de expresión, los derechos naturales, la igualdad ante la ley y estado de derecho, será necesario luchar contra el extremo centro, que se está volviendo un enemigo de la democracia.

¿Una conclusión ingenua?

En México, la gente de derecha puede comprender mucho si se distancia del centro. Quizá hay más cosas en común entre izquierda y derecha. Quizá la salida de la polarización sea comprender el problema del centro extremista. Izquierda y derecha pueden coincidir en defender la soberanía de México, en continuar favoreciendo la industrialización del país, en mantener la austeridad gubernamental, etc.

La gente honesta e inteligente que forma las bases de la 4T y que es parte del pueblo de México, puede comprender que otra parte del mismo pueblo es de derecha y que nunca ha tenido el poder, por lo cual sus críticas hacia el actual gobierno son legítimas. Tal vez tampoco sea difícil comprender que la gente de derecha en México nunca se ha sentido identificada ni entusiasmada con la derechita cobarde del PAN, y que anhela una esperanza, un nuevo partido que no sea otro rostro de la mafia del poder.

La gente honesta e inteligente que podría formar las bases de un partido de derecha popular, hoy no tiene opciones para votar. Hay una mayoría silenciosa que aguarda un partido que sea, en el mejor sentido de la palabra, nacionalista, con propuestas viables para generar seguridad y empleo. Para construir esas opciones hay que dejar de creer en los cuentos que inventa el ultracentro o la derechita cobarde.

Antonio Rangel
Líder de Opinión de Modernidades - Poeta, narrador y ensayista. Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, ahí mismo cursé la Maestría en Letras. Colaborador en diversas revistas literarias. Actualmente profesor de Literatura. Interesado en las ideas de la libertad, el debate plural y los problemas educativos.

Los comentarios están cerrados