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Opinión – Hispanofobia e hispanidad

Opinión - Hispanofobia e hispanidad
Foto. Archivo General Histórico del Estado de Chiapas. Cae la estatua del capitán español Diego de Mazariegos en San Cristóbal de las Casas

En México, se celebra escasamente el Día de la Hispanidad o como le solíamos llamar, el Día de la Raza. Este desgano por la celebración tiene como correlato una nueva ola de hispanofobia, si bien ésta ha sido una tradición que retorna a cada tanto en el nuestro y en otros países hispanoamericanos.

Ciertamente, podríamos analizar la hispanofobia y la hispanidad al margen de una discusión política, lo cierto es que ambos conceptos responden a agendas políticas suficientemente claras.

Hispanofobia ¿Un extraño enemigo?

¿Qué es la hispanofobia? Un fenómeno que consiste en denigrar la herencia cultural española, con base en pseudohistoria y en minimizar los hitos pasados y presentes de la cultura hispánica. Es decir, se trata de demonizar lo español para configurar un enemigo de la patria, un enemigo del proyecto político hegemónico.

Hay unas imágenes claves que son constantes del imaginario hispanofóbico: llamar genocidio a la conquista; considerar a los siglos novohispanos una época oscura; y caracterizar a los españoles como seres malignos. (Landavazo, 2005).

Esta hispanofobia tiene una relación notoria con la llamada Leyenda Negra, que fue una campaña antiespañola hecha por escritores de imperios rivales a partir del siglo XVI. Mediante esa propaganda, se quiso implantar la idea de que los españoles eran el pueblo más perverso y cruel. Una posible consecuencia de ese tipo de propaganda ha sido la ejecución de actos criminales contra españoles.

Está claro que mantener una fobia a la cultura hispana es irracional, pero lo que no está tan claro es que existen intereses políticos que utilizan como pretexto lo histórico, o mejor dicho lo pseudohistórico, para imponer una agenda cultural. Por ello, conviene preguntarnos: ¿Qué pretendían políticamente quienes alentaron y alientan el odio a lo español? ¿y qué es lo que ha conseguido la política cultural de incentivar la hispanofobia?

Entre dos imperios

La lucha armada por la independencia encabezada por Hidalgo y Morelos fue “una llamarada de odio antiespañol”, y al mismo tiempo una guerra civil en la que muy pocos peninsulares participaron. (Rangel, 2015) Esas luchas, además, no condujeron a la Independencia.

México nació de manera pacífica en 1821, aunque dividido por una lucha entre las élites políticas que dominaron el país. Una de esas élites fue la logia yorkina, masones que se consideraban liberales y federalistas en términos políticos, pero seguían intereses expansionistas de Estados Unidos, terminaron por contribuir a la pérdida de gran parte del territorio ante el vecino del Norte.

A pesar de la invasión norteamericana, en la literatura del siglo XIX la mayor amenaza extranjera seguía siendo España. (Tapia, 2004) El odio no se quedó en la tinta exclusivamente, en 1856 hubo matanzas de españoles al grito de mueran los blancos y mueran los gachupines.

Una explicación plausible para la hispanofobia fue notar el contraste entre la prosperidad de los norteamericanos y el caos mexicano posterior a la Independencia, entonces surgió la duda: ¿por qué ellos crecieron y nosotros empeoramos? (Montaner, 2001) Como respuesta, los liberales mexicanos culparon a los españoles. Aunque también culparon a los indígenas. Lo único que no hicieron fue asumir que ellos gobernaban y eran los verdaderos responsables de los problemas económicos de México.

El anti-españolismo moderno

Se volvió una tradición hasta principios del siglo XX durante los festejos de septiembre que se golpeara y apedreara españoles, se dañaban sus casas y sus negocios. A pesar de las sucesivas expulsiones de españoles y que en realidad siempre fueron un porcentaje muy pequeño de la población, en el periódico El hijo del Ahuizote de los Flores Magón, se llamaba a “desespañolizar” México.

Durante la Revolución, John Reed le atribuye a Pancho Villa el discurso más prístino de hispanofobia:

Hemos tenido trescientos años de españoles. No han cambiado nada desde los conquistadores. […] les permitimos regresar con los mismos derechos que los mexicanos y utilizaron esos derechos para robar nuestra tierra, hacer al pueblo esclavo y empuñar las armas contra la causa de la libertad… Nos introdujeron la más grande superstición que el mundo haya conocido jamás: la Iglesia Católica. Solo por eso habría que matarlos.

Más recientemente, el 12 de octubre de 1992, con gritos de “Cristobal Colón, pirata ladrón”, grupos de anarquistas e indigenistas le arrojaron huevos, jitomates y pintura al monumento que hoy precavidamente el Gobierno de la Ciudad de México retiró de la vía pública. Aquel día alguien pintó grafiti con aerosol: “gachupines culeros”.

Caída de la estatua del capitán español Diego de Mazariegos el 12 de octubre de 1992 Archivo general histórico del Estado de Chiapas
Caída de la estatua del capitán español Diego de Mazariegos el 12 de octubre de 1992
Foto. Archivo general histórico del Estado de Chiapas

El español, como encarnación del mal, ha vivido en el imaginario colectivo de México. Por absurdo que parezca, resulta un buen chivo expiatorio para los gobernantes irresponsables, que suelen olvidar a la gente real que vive en pueblos originarios, y en su lugar reivindican a un indígena idealizado que solo mora en su imaginación.

Un halo de hispanidad

Por otra parte, la semana pasada fue interesante ver el comunicado del EZLN, leí con gusto que no se suman a la tradición hispanofóbica que ha retomado el gobierno actual, por el contrario, dejan ver algo que se parece a la hispanidad al preguntar: “¿De qué nos va a pedir perdón la España?  ¿De haber parido a Cervantes?” A partir de ahí mencionan una lista larga de españoles célebres escritores, cineastas y actores, compositores y pintores, incluyendo al legendario Gonzalo Guerrero.

La hispanidad es más, mucho más que la cultura generada en España. La hispanidad es otra cosa. Y no sólo es Antonio Machado (al que nombra el EZLN), también es Manuel Machado. No solo las dos Españas, sino las diecinueve Españas de América, o veinte, o todas las posibles. La hispanidad es un anhelo cultural, más que un proyecto político. Sin embargo, la hispanidad ha tenido que tomar un carácter político para no ser caracterizada por sus enemigos, para no sólo recibir golpes.

Hablar de hispanidad suele ser visto en ambos lados del Atlántico como una postura fascista. ¿Por qué? Porque los hispanófobos tienen una fijación extraña con la palabra “fascismo”. Pero la hispanidad es una filia, un sentimiento de aprecio por las expresiones culturales de todo el orbe hispánico. Por eso, me dio gusto que el EZLN mostrara que también en las comunidades indígenas anida un halo de hispanidad.


Fuentes

Landavazo, M. (2005). Imaginarios encontrados. El antiespañolismo en México en los siglos XIX y XX. Tzintzun. Revista De Estudios Históricos42, 33-48.

Montaner, C. (2001). Las raíces torcidas de América Latina. Plaza y Janés.

Rangel, C. (2015). Del buen salvaje al buen revolucionario. Libros el Nacional.

Reed, J. (2004). México insurgente. Océano.

Tapia, R. (2004). La nación romántica. Naturaleza e historia a través de las revistas literarias de México 1833-1846. Instituto Cultural Helénico. Tesis.

Antonio Rangel
Poeta, narrador y ensayista. Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, ahí mismo cursé la Maestría en Letras. Colaborador en diversas revistas literarias. Actualmente profesor de Literatura. Interesado en las ideas de la libertad, el debate plural y los problemas educativos.

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