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Opinión — Fideicomisos y el cine mexicano: “nosotros los ciegos”

Hace unos días, un célebre cineasta mexicano dijo que: “un país sin cine es un país ciego”. Declaración dramática inscrita en la reciente desaparición del Fidecine (Fondo de Inversión y Estímulos al Cine), mediante el cual se subvencionaba al cine mexicano.

Fidecine es uno de los 109 fideicomisos que van a desaparecer por una iniciativa del Presidente, aprobada por el Poder Legislativo. Este asunto generó polémica: unos lo interpretaron como un ataque a la ciencia y a la cultura, mientras que el Presidente justificó estas medidas con el ya típico argumento de que había corrupción.

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Tal corrupción seguramente no tendrá nombres propios ni repercusiones jurídicas, sino que luego de ser aludida, se dará vuelta a la página. Es decir, este gobierno acabó con corrupción garantizando la impunidad.

Otro argumento para defender la eliminación de los fideicomisos, es señalar que los apoyos económicos van a continuar. En efecto, es lo más plausible que suceda; por lo cual, no veo el supuesto ataque a la ciencia y a la cultura. Lo que veo es, una reacción apresurada de la comunidad científica y que la oposición intentó aprovechar para llevar agua a su molino.

En el debate sobre los fideicomisos, se pierde de vista el hecho de que antes tampoco había un funcionamiento óptimo de los recursos destinados a la ciencia. Por otro lado, hay que considerar que con los cambios se abren oportunidades de mejora. Sin duda, invertir en ciencia es conveniente para el país y la discusión debería centrarse en cómo utilizar de la manera más eficiente tales recursos. Sin embargo, el tema de los apoyos económicos al cine mexicano es muy distinto.

Cine mexicano, ¿hay que verlo?

Un país sin ciencia se condena al subdesarrollo, pero un país sin cine subvencionado puede ser perfectamente próspero y desarrollado.

El cine mexicano en su Época de Oro no tuvo éxito porque el gobierno cobraba impuestos a los espectadores y luego distribuyera ese dinero entre burócratas y cineastas consentidos. Si tuvo distinción, fue porque se produjeron películas que fueron valoradas por el público. Hoy muchas películas mexicanas solo las valoran sus realizadores y, si acaso, los funcionarios que les otorgan el presupuesto para filmarlas.

No aplaudo que desaparezca Fidecine porque esa desaparición no significa que se vayan a usar eficientemente doscientos millones de pesos. De hecho, solo significa que el gobierno tendrá mayor control sobre ese gasto, por tanto, podrían ser beneficiados proyectos cinematográficos que sean funcionales a la visión ideológica de la 4T.

¿Esto significa que durante los gobiernos anteriores funcionaba bien Fidecine? Por supuesto que no. Se subvencionaron películas muy malas. En realidad, la denuncia que hizo en 2014 el director Javier Ortiz de que Imcine y Fidecine formaban un sistema corrupto, me parece más que justificada. ¿Por qué Inbursa o Televisa recibían subvenciones millonarias? Pero más allá de aquellos casos, desde un punto moral es inaceptable que los mexicanos tengamos que pagar por películas que no queremos ver.

No vemos, pero pagamos

Si aceptamos que cada persona tiene derecho a vivir su vida sin molestar a los demás, sin ser una herramienta de otros, hay que aceptar que no estamos obligados a ver películas que no nos gusten ni tampoco a financiarlas. Que los cineastas nos digan, con superioridad moral, que si no vemos lo que ellos hacen, seremos ciegos, suena a desmesura.

A diferencia del apoyo económico a la ciencia que puede generar un bien común, el apoyo a ciertas películas puede ser un beneficio exclusivo para los productores. Aunque nos digan que todos los mexicanos nos beneficiamos, no se ve; por ejemplo, que obtengamos una ganancia de que se repartan becas entre unos pocos cineastas.

Creer que los productos culturales que realiza un mexicano benefician a cualquier mexicano es absurdo. Si así fuera sería totalmente injusto apoyar a unos y no a otros. Ahora bien, dudo mucho de que alguien que sea fan de las películas de Luis Estrada, lo sea también de los filmes de Eugenio Derbez, pese a ello, habrá financiado a ambos directores. Peor aún, hemos financiado películas que se exhiben un solo día en una sala vacía de un auditorio universitario.

Podría pensarse que exagero, sin embargo en 2019 hubo siete películas que recaudaron menos de 10 mil pesos. Alrededor de 40 recaudaron menos de 100 mil. A pesar de ello, el costo promedio fue de 17 millones de pesos. Por supuesto, Fidecine también otorgó un estímulo por su desempeño a las dos películas más taquilleras: No Manches Frida 2 y Mirreyes contra Gonínez. Yo no veo la justificación.

Fotografía: Vista de una sala de cine vacía. Barcelona, 8 de junio de 2017. (Las voces del pueblo y Agencias)

La mirada crítica

La más conocida crítica de arte mexicana hace unos meses puso el dedo en la llaga al escribir:

Es penosa la reacción de los becarios y beneficiarios de rogar y llorar que no les quiten el apoyo, en lugar de retar al poder, y decirle en su cara que la creación no se detiene por las malas decisiones del gobierno […], decir que la creación no es propiedad del Estado.

Avelina Lésper

En otras palabras, es criticable que el gobierno condicione los apoyos, pero también es lamentable que el cine mexicano dependa tan cómodamente del paternalismo del Estado. No somos los mexicanos los que nos quedamos ciegos sin el cine subvencionado, por el contrario, son los cineastas nacionales quienes cierran los ojos para no ver al público. Su visión está centrada en congraciarse con la burocracia que reparte becas y premios.

Por su parte, los gobiernos, de cualquier partido político, están dispuestos a mantener al gremio cinematográfico aplacado con apoyos financieros. Los productores y cineastas nacionales, por lo general, en vez de interesarse en llenar las salas, parecen conformarse con recibir dinero. Por eso si obtienen estímulos, volverán a ver al gobierno con buenos ojos.

Tal vez estoy ciego, pero esto es lo que veo.

Fuentes

Agencias. (2020). “Un país sin cine es un país ciego”: Gónzales Iñárritu. El comentario

Lésper, A. (2020). Un día sin becas. Avelina Lésper

Secretaría de cultura. (2019). Anuario Estadístico de Cine Mexicano 2019

Ortiz, J. (2014). REVIENTA LA TRAMA DE CORRUPCIÓN EN EL CINE EN MÉXICO. PoliticOteka

Antonio Rangel
Líder de Opinión de Modernidades - Poeta, narrador y ensayista. Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, ahí mismo cursé la Maestría en Letras. Colaborador en diversas revistas literarias. Actualmente profesor de Literatura. Interesado en las ideas de la libertad, el debate plural y los problemas educativos.

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