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Opinión – ¿Dos años de Transformación?

Opinión - ¿Dos años de Transformación?
Foto. Archivo

Se cumplieron dos años desde que inició formalmente la Transformación histórica de México, acaso la transformación definitiva, la que nos traería el fin de la corrupción, una república amorosa y la felicidad del pueblo.

Después de dos años, hay votantes decepcionados por la 4T real. Se trata de personas con ideas e ideales de izquierda. Es complicado que quienes desean mayor igualdad y justicia en México encuentren logros sobresalientes en este gobierno. En especial, en comparación con la Independencia, la Reforma y la Revolución, estos dos años de supuesta Transformación son una despensa vacía.

Por supuesto, hay personas afines al proyecto de la Transformación no están decepcionadas, ya sea porque jamás albergaron tamañas esperanzas, o bien, porque eran conscientes de las dificultades para conseguir las promesas de la campaña del 2018. También hay partidarios con más intereses que ideales. Un punto a su favor, sin embargo, es que proyectar una transformación de tal calado es totalmente imposible, no digamos en dos, ni siquiera en seis años.

Desde el bando contrario, identifico dos actitudes: el miedo irracional a la Transformación, a la cual se le considera una devastación de nuestras instituciones, y, por otra parte, una maligna alegría interna. Esa alegría de decir: “se los dije”. Tal actitud la sospecho en los partidos de oposición, los cuales, acaso, piensan en regresar al poder por la pura inercia de la decepción.

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Analizar y criticar la Transformación

Debe de haber otras evaluaciones y reacciones sobre este par de años porque la sociedad mexicana es bastante plural. En mi caso no siento ni decepción ni felicidad, tampoco miedo ni ganas de presumir un “se les advirtió”. Lo que me convence es la pertinencia del análisis mesurado y el ejercicio de la crítica.

En ese sentido tengo dudas legítimas: ¿A qué se le llama “Transformación”? ¿Por qué cuarta y no quinta? ¿Debemos tomarla como utopía o como un poder fáctico? ¿Es una simple máscara de esperanza que encubre resultados mediocres? O, en todo caso, si está ocurriendo una gran transformación, ¿qué es lo que está ocurriendo con las instituciones y con las estructuras sociales?

“Transformación” es un término ambiguo que podría funcionar como sinónimo de lo que usualmente la tecnocracia llamaba “modernización”, pero también podría sugerir y sonar en el oído izquierdo como “Revolución”. ¿La 4T está más cerca de la modernización o de la revolución?

Entre la revolución y la modernización

Veamos los hechos, la 4T no se empeñó en estos dos años realizar una reforma política profunda. Tampoco procuró implementar tecnologías para agilizar la maquinaria estatal. No estamos ante una modernización, por el contrario, el estilo personal de gobernar del Presidente nos recuerda a un régimen patrimonialista, cuyo corazón, de acuerdo con Max Weber es el patriarcado.

Hoy que está de moda el concepto de patriarcado con otra acepción, cabría preguntar si la 4T está transformando al llamado patriarcado. Si no lo hace, ¿qué tan transformadora es esta transformación?

En ese mismo sentido podríamos responder negativamente a la siguiente pregunta: ¿esta Transformación es un proceso revolucionario? No lo parece, pues sus cambios lucen mínimos no sólo en comparación con revoluciones históricas como la rusa, la china y la cubana, también en comparación con el Chile de Bachelet, la Argentina de los Kirchner y, por supuesto, la Venezuela chavista.

La 4T podría entenderse hasta el momento como una continuidad. Lo cual no significa que no podría cambiar en el futuro a corto o mediano plazo. En 1912 la revolución maderista era un proyecto que hacía agua y se hundía. Para 1859 el triunfo liberal se veía muy complicado. A los pocos meses del Grito de Independencia, Hidalgo, Allende y Aldama yacían sin cabeza.  Los cambios históricos no son tan fáciles de ver como uno se imagina. Pero si AMLO decreta que ya se cumplió su transformación, significa que ésta era superficial y demagógica.

La verdadera cuarta transformación de México

Lo cierto, es que la 4T no comienza ni termina con AMLO. Las transformaciones son esfuerzos de sucesivas generaciones. Sin una retrospectiva histórica no podemos entender este presente. Lo primero a tener en cuenta es que México fue desde el triunfo de los revolucionarios sonorenses: Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, un régimen de partido único, que sin ser una dictadura tampoco era una democracia liberal. Era un régimen patrimonialista, que fundaba su legitimidad en el corporativismo sindical y en acuerdos con la clase empresarial. Sexenalmente se renovaba cacique del país, a través de un proceso popularmente conocido como “dedazo”.

Líderes sindicales, empresarios consentidos por el régimen e intelectuales con puestos públicos legitimaban a ese régimen, cuyo brazo político era el PRI. Tal legitimidad se fracturó durante el movimiento estudiantil de 1968. Aquella ola mundial de nueva izquierda en México fue combatida criminalmente por el Estado. Desde entonces nació la verdadera cuarta transformación de México.

Esos estudiantes maduraron y fueron un apoyo para la Reforma Política de 1978, encabezada por Jesús Reyes Heroles. Al calor de esa Reforma se fraguó la solución para restaurar la legitimidad del régimen, fue una solución brillante: dividir al PRI. Cito a Octavio Paz:

Hay, sin embargo, otro remedio. Pero es un remedio visto con horror por la clase política mexicana: dividir al PRI. Tal vez su ala izquierda, unida a otras fuerzas, podría ser el núcleo de un verdadero partido socialista.

Paz, 1983

La transformación del “ala izquierda del PRI”

En efecto, el “ala izquierda del PRI” comenzó a escindirse y en los 80’s formó un nuevo partido político, primero el Frente Cardenista y luego el PRD, y que hoy se llama MORENA. La oposición de izquierda al resistir, apoyó al Estado mexicano para que recobrara su legitimidad. “Lo que resiste, apoya”, frase célebre de Reyes Heroles, se volvió un principio de ingeniería política, que traduzco: “la oposición apoya al sistema”.

La llave mágica para abrir la puerta de la democracia fue aquella Reforma Política. No bastaba, obviamente. También era necesario ganar las calles. Esa fue una batalla dura en 1988 durante la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas. En ese año se dijo que “cayó el sistema”, pero aún no maduraba lo suficiente la transformación democrática como para sustituir al sistema caído. De cualquier forma se oían los vientos de cambio en en México, como también en Berlín y Moscú.

Sería en 1997, con el triunfo de Cárdenas en la Ciudad de México que la transición democrática dejaba de ser un proyecto y empezaba a ser parte del poder. De esa manera se equilibró la balanza de poderes y realmente hubo una transformación en nuestra vida pública.

52 años de transformación

En los últimos 52 años, se conquistó la libertad de prensa y un sistema electoral confiable, acceso a la información y pluralidad política. 52 anudados años desde que la juventud del 68 protestó contra el régimen presidencialista, que no aceptaba el disenso. Hace 18980 días aproximadamente, se ha cumplido el xiuhmolpilli, dirían los nahuas. Quizás estemos ante un fuego nuevo. Acaso comience una quinta transformación como un quinto sol.

AMLO y Jesús Reyes Heroles

Fuentes
  • Boltvinik J. (2020, 4 de septiembre) AMLO, 21 meses difíciles y decepcionantes para la izquierda. La Jornada.
  • Paz, O. (1983) El ogro filantrópico: historia y política. Barcelona: Seix Barral.
  • Zabludovsky, G. (2019). Max Weber y la dominación patrimonial en América Latina. Revista Mexicana De Ciencias PolíTicas Y Sociales, 32(124).
Antonio Rangel
Poeta, narrador y ensayista. Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, ahí mismo cursé la Maestría en Letras. Colaborador en diversas revistas literarias. Actualmente profesor de Literatura. Interesado en las ideas de la libertad, el debate plural y los problemas educativos.

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