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Opinión – Cambió de colores la Ciudad de México

Cambió de colores la Ciudad de México
Foto. Ricardo Anaya expansión política/ Margarita Zavala Reuters/ Sheinbaum- Ebrard Twitter Sheinbaum

Si hubo un resultado inesperado en las elecciones de ayer 6 de junio fue el cambio de colores en la Ciudad de México, cuya mitad poniente se pintó de azul. Lo más probable es que se trate de un voto de castigo ante la tragedia de la Línea 12 del Metro, que reveló la indolencia del gobierno capitalino.

La Ciudad de México ha sido el bastión de la izquierda, quizá desde 1988, cuando Cuauhtémoc Cárdenas obtuvo la votación mayoritaria frente a Carlos Salinas de Gortari. En 1997 esa mayoría se concretó en el primer gobierno electo de la ciudad. A partir de entonces la izquierda, en ese momento agrupada por el PRD, se fue volviendo hegemónica. El color de la ciudad se hizo amarillo. Años más tarde, tomó los colores morena.

Dos colores de la izquierda

Considero un desacierto concebir que la izquierda es una sola. En realidad, las izquierdas se ha modificado con el tiempo, ha habido varias generaciones de izquierda, además actualmente, en México conviven, al menos, dos grandes bloques: la izquierda populista y una nueva izquierda indefinida.

Cabe decir, que el populismo no es un insulto ni un demérito siquiera, el populismo es un proyecto político para dotar de significado al pueblo como sujeto activo, cuyas demandas deben articularse en la lucha por la hegemonía cultural y los puestos de gobierno. El populismo no es el hombre de paja que los intelectuales aliados a la oposición quieren ver.

Pero, obviamente, no toda la izquierda es populista. Hay un giro global hacia una izquierda indefinida, tal como la llamó el filósofo Gustavo Bueno, que tiene un sector extravagante, otro divagante y uno más dogmático. Lo explicaré brevemente.

La izquierda divagante es académica, universitaria, elitista, está enfocada en lecturas posmodernas. Interpreta psicológicamente la política, discute asuntos abstractos, ajenos a la vida cotidiana. Su influencia se nota en la izquierda extravagante, que son los alumnos, la gente que divulga esas ideas y las asimila a medias. Son extravagantes en el sentido de que hacen de la izquierda una estética, una identidad para vestirse, peinarse, hablar, etc. Es una especie de fetichismo. Es una forma cultural más que política. El punto es que los extravagantes votan por la izquierda dogmática.

La izquierda dogmática está formada por los políticos, por ejemplo, Martí Batres, Bejarano, Dolores Padierna, la misma Sheinbaum, ellos son los dogmáticos, en el sentido de que no divagan en el mundo de ideas ni se definen de izquierda por su vestimenta, sino por su apego a las disputas por el poder: el control territorial, la creación de bases y la movilización de masas. La tienen clara: formar con diversos grupos eslabones políticos para fortalecer una gran cadena de dominio estatal.

Los colores del arcoíris no son populistas

Los sucesivos Gobiernos de la Ciudad de México se han caracterizado por un franco apoyo al feminismo y a lobby LGTB. Pero especialmente en la parte poniente de la ciudad. En el oriente lo que ha predominado es el clientelismo, la apelación al pueblo, la reivindicación de los pobres, el apoyo a los adultos mayores y a los estudiantes, etc. En cierto sentido, un estado benefactor con más demagogia de la necesaria.

Estas dos izquierdas pueden ser perfectamente aliadas, por eso no me extrañaría que el Movimiento Ciudadano se sumara a MORENA próximamente sin rechistar. En cambio, el Verde es un aliado sin garantías para nadie. El problema para el partido del gobierno es que una parte de sus votantes, los de izquierda indefinida, tienen un voto volátil, una indignación rápida y se resisten a los colores del populismo.

El presidente ha interpretado las elecciones recientes como una confirmación de que el populismo es el rumbo correcto para consolidar la hegemonía. No va a cambiar de idea, su eje fundamental es el pueblo de México. En contraste, es difícil que quienes se sienten ciudadanos del mundo, o quienes creen que su sexualidad es más importante a nivel político que su nacionalidad, acepten el populismo nacionalista de AMLO. El discurso nacionalista y popular de AMLO es útil para ganar donde han ganado: en la mayor parte el país, su prioridad no ha sido la poco nacionalista Ciudad de México.

Por eso cuando me preguntas: ‘¿qué sigue?’. El pueblo, más pueblo, todo el pueblo que sea necesario, más pueblo.

AMLO, 7 de junio de 2021

¿Cuál será el color predominante en 2024?

A nivel nacional, MORENA ganó y tiene mucho para celebrar: 12 gubernaturas. Con ello se consolida en el país como primera fuerza. Podrá una vez más controlar el presupuesto, con la ayuda del Verde, el PT y muy posiblemente de MC, incluso podría llegar a contar con votos del PRD y del PRI. No será ningún problema conseguir más de 251 votos en el Congreso.

Por eso mismo, el mayor riesgo que enfrenta la 4T es interno. Ni Sheinbaum ni Ebrard son líderes que puedan encabezar un proyecto populista. El giro complicado que debe hacer el partido de AMLO es tomar el rumbo de nueva izquierda globalista, con ideología de género y ecologismo. No sólo es un giro complicado, en ese giro pueden perder el apoyo popular que ahora tienen.

¿Hay algún candidato que pueda dar continuidad al proyecto populista de AMLO? Todos sabemos la respuesta. Aunque se diga poco en voz alta, sabemos que sin reelección no habrá continuidad. Puede haber un viraje hacia una izquierda indefinida, o puede volver el PRIAN. Esta elección, especialmente en el cambio de color de la ciudad, dejó abierta la esperanza para el regreso del PAN a la presidencia.

Ahora bien, la reelección presidencial quizá siga siendo solo un fantasma. Si se combate al fantasma y superamos el trauma histórico de la no-reelección, quizá pueda pactarse un candado para que AMLO no sea quien se reelija.

Cuatro caminos, cuatro colores

Después de las elecciones intermedias, va a tomar fuerza la carrera por la presidencia. Hay cuatro fuertes posibilidades. Una de ellas es Claudia Sheinbaum, a pesar de su indolencia ante la tragedia de la L12, y de lo debilitada que queda al perder la mitad de los distritos electorales de la ciudad, sin embargo, no hay que darla por muerta.

Sheinbaum y Ebrard son representantes de la nueva izquierda, aunque Ebrard también formó alianzas con el populismo latinoamericano. Lo prueba su acercamiento con Evo Morales, con Alberto Fernández y su vulgar ataque contra Luis Almagro, presidente de la OEA. Cabe decir, que Almagro es un diplomático de izquierda, muy denostado por quienes defienden la dictadura de Venezuela. Considero un error muy grave de Ebrard preferir defender al narcogobierno venezolano que a la institucionalidad democrática que representa Luis Almagro.

Independientemente de sus coqueteos con el populismo, Marcelo Ebrard carece del carisma suficiente para encabezar un proyecto populista. Es evidente, que ni él ni Sheinbaum podrán tener todo el apoyo que AMLO reúne. Además de que la competencia entre ellos al interior del partido tendrá un costo en pérdida de votos.

Por otra parte, la alianza opositora no es sólida. Encontrar un candidato aceptable no será fácil. Ricardo Anaya definitivamente estará en la boleta, pero tal vez no como candidato de la coalición. Es más posible que sea un candidato naranja. Acaso a quien veamos como candidata de la coalición opositora sea Margarita Zavala.

Si no me equivoco, en 2024 habrá cuatro colores: el verde de la nueva izquierda de Sheinbaum-Ebrard, el azul de Margarita Zavala, el naranja de Ricardo Anaya y un color moreno o fantasmal de una reelección improbable del populismo de AMLO.


Fuentes

Antonio Rangel
Líder de Opinión de Modernidades - Poeta, narrador y ensayista. Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, ahí mismo cursé la Maestría en Letras. Colaborador en diversas revistas literarias. Actualmente profesor de Literatura. Interesado en las ideas de la libertad, el debate plural y los problemas educativos.

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