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Opinión – Austeridad, ¿para qué?

Opinión - Austeridad, ¿para qué?
Foto. revista top secret México

La austeridad es una virtud sospechosa. No es fácil ser austero en tiempos en que se confía más en la apariencia que en la esencia. Tampoco es fácil encontrar gobernantes con suficiente valor para implementar políticas de auténtica austeridad.

El presidente López Obrador ha sido un político muy consistente en el tema de la austeridad. Tal convicción le granjeó simpatías desde que comenzó a destacar en la vida pública hace más de veinte años. Pese a ello es legítimo preguntarse si su austeridad es auténtica o es una simulación

Actualmente, AMLO se enfrenta a una oposición cicatera, pendiente de los paseos de sus hijos, del precio de sus zapatos, de los vestidos de su esposa. Tal cicatería es absurda considerando que en los gobiernos anteriores fueron abundantes los gastos innecesarios. Si bien, es comprensible molestarse por los lujos de la casta gobernante, ser cuentachiles con el presente gobierno despierta dudas.

La oposición debe aceptar la consistente austeridad de AMLO, que no es extrema, pero es suficiente para diferenciarse de otros políticos rodeados de lujos. Ahora bien, la austeridad como política pública no es necesariamente virtuosa. De hecho, la mayor parte de los textos que se escriben sobre la austeridad contienen críticas muy severas contra ésta.

La austeridad, ideal del liberalismo

Los economistas keynesianos, por ejemplo, en tiempos de vacas flacas suelen proponer que aumente el gasto público para incrementar el consumo. Lo curioso es que en tiempos de bonanza también proponen acrecentar el gasto. Si para destinar tales recursos sea indispensable ampliar la deuda pública no parece inquietarles en lo absoluto.

Nada sorprendente resulta, en el actual contexto de la pandemia, que al coro de la oposición se le ocurra la receta keynesiana: más gasto, más deuda, más déficit. A la austeridad la tratan como pecado. Sin importar si es auténtica o simulada.

Que los gobernantes sean austeros es un ideal de la tradición liberal. Para el liberalismo es fundamental que el gobierno sea limitado, que no ostente un poder opresivo ni tampoco gaste en exceso, mucho menos en cosas superficiales. Las palabras de liberal mexicano más célebre, Benito Juárez, que citó recientemente la maestra Delfina Gómez son una muestra de esa tradición liberal que pretende que la clase gobernante no se desvincule del resto de los ciudadanos.

Los funcionarios públicos no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad; […] sino consagrarse asiduamente al trabajo, resignándose a vivir en la honrosa medianía.

Benito Juárez

María Antonieta, la reina guillotinada por los revolucionarios franceses, es el ejemplo de gobernantes ajenos a la vida cotidiana de la mayoría. Se dice que llegó a tener 300 vestidos por año. Quizá sea una vieja fake news, pero lo cierto es que la apodaron Madam déficit. Aunque sin duda la monarquía francesa gastó mucho más en apoyar la Independencia de las 13 Colonias, fueron los lujos de María Antonieta los que más ofendieron al pueblo francés.

La austeridad como símbolo

Por eso, la austeridad funciona como símbolo de un nuevo régimen. Por supuesto, la pobreza no se derrota con símbolos. Hacen falta oportunidades de trabajo y desarrollo. Para ello es fundamental que crezca el sector privado, no el público. Lamentablemente, plantear una disminución del sector público acarrearía muchas reacciones adversas. Así que las medidas de austeridad del actual gobierno habría que considerarlas como pequeños avances hacia un Estado menos derrochador.

¿Alguien se opone honestamente a que la 4T reduzca los viáticos y los salarios de altos funcionarios; que se ahorren millones en materiales de oficina y congresos; que se gaste menos en la difusión de programas gubernamentales y la subcontratación de servicios? Sí, hay políticos como José López Portillo creen en las bondades de subir el gasto y la deuda. Si no olvidamos, el sexenio de López Portillo terminó siendo un desastre económico porque él negó la escasez, quiso administrar una imaginaria abundancia. De tal suerte, hubo un gran derroche en proyectos improductivos.

Las lecciones de aquel sexenio siniestro económicamente deben recordarse: la fallida apuesta por el petróleo, las grandes obras públicas mal planificadas, el gasto social desmedido, desestimar el contexto internacional, enemistarse con la clase empresarial, la egolatría del presidente, el servilismo de los legisladores. En fin, 40 años después no podemos terminar igual que en aquel sexenio.

La austeridad, idealmente, es la contención de la tendencia que poseen los gobernantes de excederse en los gastos. Por supuesto, la austeridad requiere un complemento porque ella no es una virtud final, sino que es un medio, como el ahorro, para otro fin. La duda legítima es ¿en qué invertir lo ahorrado? ¿Cómo aprovechar los frutos de la austeridad?

Austeridad para un futuro próspero

Son dos los destinos principales del dinero que ahorra 4T: el rescate de Pemex y los programas sociales. Al menos en eso coinciden tanto los críticos como los aduladores del actual gobierno. Esta nueva apuesta por el petróleo es, incluso, más arriesgada que en tiempos de López Portillo, dado el cambio de paradigma hacia energías limpias como la eólica y la solar.

En lo que respecta a los programas sociales, indudablemente, son redituables en el ámbito electoral. Benefician a millones de mexicanos. Pero lo que cabe preguntarse es  si son sostenibles por muchos años. ¿Hay un plan para eliminar estos programas en el futuro? ¿O la idea es que siempre subsista un cúmulo de personas necesitadas de asistencia, debido a sus nulas o escasas ganancias? ¿O simplemente no hay ningún objetivo a largo plazo?

Al considerar estas preguntas, la impresión que da la 4T es la de ser un proyecto a corto plazo, insostenible durante las próximas décadas. He aquí el problema.

Recapitulando, las propuestas inspiradas en el principio de austeridad, me parecen loables. Un giro necesario luego de años de dispendio en la administración pública. La eficiencia no se consigue acumulando personal en una oficina. Sin embargo, el ahorro que se obtenga de estas acciones hay que aprovecharlo de una manera sostenible. o el ahorro habrá sido inútil.

Fuentes

Hollenbeck, F. (2019) “Los tres tipos de austeridad”, Centro Mises.

López Durán, R. (2020). La austeridad: entre el discurso político y la realidad en contextos de crisis. Revista De La Facultad De Derecho De MéXico, 70(278-1), 275-306. doi

Ugalde, L. C. (2019). Austeridad y combate a la corrupción en la 4T. Este país, 339 (39-42).

Antonio Rangel
Poeta, narrador y ensayista. Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, ahí mismo cursé la Maestría en Letras. Colaborador en diversas revistas literarias. Actualmente profesor de Literatura. Interesado en las ideas de la libertad, el debate plural y los problemas educativos.

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