Mejorar la educación en México

La educación en México tiene problemas y oportunidades de mejora. Si no reconocemos los problemas tampoco podremos ver las posibles soluciones. Para enfrentar los retos que tiene la educación en México, debemos ser más realistas que idealistas.

El idealismo ha sido más un bache que un punto de apoyo en el ámbito educativo. Me refiero a la creencia de que a través de reformas constitucionales y decir con mucho énfasis en un discurso: “el derecho a la educación”, los problemas mágicamente desaparecerán. Aceptemos que las soluciones necesitan una materialidad: menos grandilocuencia y más presupuesto.

Quienes conocen en carne propia los límites del idealismo educativo son quienes están frente a un grupo de cuarenta niños o adolescentes. Quienes atienden a jóvenes con una gama muy diversa de problemas y quienes, a pesar de la escasez de materiales, tratan de dar lo mejor de sí para contribuir a la formación de buenos ciudadanos. Los mismos que en los últimos sexenios fueron vistos como el problema principal del sistema educativo: los maestros.

Reivindicar al magisterio

Mejorar la educación en México pasa por reivindicar al magisterio en definitiva. El nombramiento de la maestra Delfina Gómez al frente de la Secretaría de Educación Pública, me parece un buen mensaje. A nadie le extraña que un médico esté al frente de la Secretaría de Salud, así tampoco debería extrañarnos que alguien con experiencia en aulas sea encargada de la SEP.

Cuando se dio la noticia del cambio de secretario en la SEP, en ciertas redes sociales hubo un aluvión de críticas que juzgo injustas y prejuiciosas. Pero reconozco que el reto de Delfina Gómez es muy grande, en el sentido de que ella debe, además de las responsabilidades de su función, ser una buena representante de las capacidades del magisterio mexicano. Aunado al reto de mejorar el sistema educativo nacional.

¿Cómo debe mejorar la educación en México?

En todos los niveles educativos hay rezagos, por lo tanto, fuertes retos. A continuación, nombro cuatro herencias lamentables, que el gobierno actual podría transformar:

El analfabetismo

De acuerdo con el INEGI entre los mayores de 15 años había en 2019  3.6 millones de personas que no sabían leer. Aunque hubo un avance notable en la alfabetización, el porcentaje en algunas entidades como Chiapas y Oaxaca rebasa el diez por ciento. Guerrero también está muy cerca de los dos dígitos. No cabe duda de que una correlación entre la pobreza y el analfabetismo. Así como una correlación entre las comunidades indígenas y el analfabetismo. Realizar una campaña enfocada en esos tres estados, me parecería un gran mensaje de verdadera transformación.

El rezago educativo

Al mirar los porcentajes de personas sin primaria terminada, las estadísticas son más preocupantes. Aproximadamente nueve millones de mexicanos no han concluido su primaria. Consideremos esto en relación con las expectativas salariales que pueden tener esos adultos. Una posible solución pasa por flexibilizar las certificaciones que otorga el INEA. Crear un sistema de exámenes más breve, sustituyendo los voluminosos libros de ejercicios, con guías concisas. Asimismo usar las primarias para ofrecer clases o asesorías los fines de semana para adultos podría contribuir a disminuir tal rezago.

La falta de cobertura universal para el nivel medio superior.

En 2012 se planteó el compromiso de tener cobertura universal en lo que respecta al bachillerato a partir del ciclo 2021-2022. Si bien, ha crecido el número de jóvenes que cursan este nivel, lo cierto es que estamos todavía lejos de la cobertura universal. El 30% de los jóvenes no llega al bachillerato. Factores socioeconómicos explican este rezago, pero una manera de revertirlo es con un sistema de bachillerato menos demandante en su horario, que ofrezca un incentivo claro de beneficios laborales a corto plazo para los estudiantes, como es el caso de los bachilleratos tecnológicos. Asimismo un sistema de bachillerato abierto a nivel nacional que permita a los jóvenes trabajar y estudiar.

La baja calidad de la educación.

Si bien, en este tema también hay múltiples factores, lo cierto es que las políticas tecnocráticas de los últimos años parecen perjudiciales. El profesor no debe ser un burócrata que se dedique principalmente a escribir informes, planeaciones y a estar a la moda en las ideologías políticamente correctas. El profesor debe dedicarse fundamentalmente a transmitir el conocimiento. Por eso es necesario dar mayor libertad de cátedra. La robotización del profesorado no es el camino para aumentar la calidad educativa. Por el contrario, el currículo forzoso, los contenidos descontextualizados, la arbitrariedad de los programas de estudio contribuyen en gran medida a la baja calidad educativa. Es hora de volver a confiar en el criterio personal de los profesores. Apuesto que con mayor libertad de cátedra, los resultados en las pruebas estandarizadas serán mejores.

Foto de Katerina Holmes en Pexels
Foto de Katerina Holmes en Pexels

Los retos de Delfina Gómez

El rumbo que llevaba la educación en México no era el adecuado. Se trataba de adoptar recomendaciones internacionales sin considerar a profundidad los problemas educativos nacionales. Se politizó la educación y con un sesgo ideológico se culpó a los maestros del bajo nivel educativo y, en general, de los fallos del sistema mexicano. Gravísimo error.

El mismo ex secretario de educación pública, Esteban Moctezuma, llegó a considerar que los maestros de Oaxaca de la CNTE no merecían llamarse maestros. Por eso, considero que hubo un buen cambio en la SEP cuando llegó Delfina Gómez. Ahora es momento de iniciar a materializar aquello que se puede mejorar en la educación. Sin idealismos ni utopías, sin sueños de un presupuesto gigantesco ni repitiendo cada dos segundos: “el derecho a la educación”, como si tal frase solucionara algo. Se trata de materializar.

Insisto en que para mejorar la educación en México debe tenerse en cuenta la diversidad regional. Por ejemplo, centrar la alfabetización en Chiapas, Oaxaca y Guerrero. Puede hacerse con becarios, mediante el servicio social de universitarios, aprovechando las escuelas públicas los fines de semana y haciendo más simple el sistema de certificación.

De esa misma manera se puede disminuir el rezago educativo. Para que más adultos terminen la primaria y la secundaria, incluso ofreciendo incentivos fiscales a las empresas que contribuyan a que sus empleados se certifiquen.

Los maestros pueden mejorar la educación

Por otra parte, aquellas buenas instituciones que, en el pasado reciente, dieron resultados favorables, conviene mantenerlas. Asimismo, si en verdad se quiere dar cobertura universal del nivel medio superior, va a ser necesario un sistema nacional de bachillerato que considere la migración, la movilidad de las personas. Un bachillerato con un currículo más general y menos específico, más libre y flexible, sin obligación de tiempo completo, sería benéfico para los jóvenes que abandonan sus estudios por causas económicas.

En conclusión, así como considero una oportunidad para el gremio magisterial el nombramiento de Delfina Gómez, también considero que debemos confiar en el criterio de los maestros. Me atrevo a afirmar que nuestros profesores más entrañables, quienes nos entregaron las enseñanzas más perdurables, no lo hicieron gracias a su apego puntual a las directrices sexenales, sino a su sello personal de compartir el conocimiento. Burocratizar al profesor no fue una solución, por el contrario, lo que se requiere es una vuelta a las relaciones humanistas entre padres, profesores y alumnos.

Finalmente, al margen de los retos que tiene la educación en México, también debería considerarse el derecho al aprendizaje en casa. El llamado homeschooling tiene notables ventajas, es justo que sea avalado. Especialmente en el contexto actual de escuelas cerradas. Los padres de familia pueden colaborar mucho para mejorar la educación en México.


Fuentes

Líder de Opinión de Modernidades - Poeta, narrador y ensayista. Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, ahí mismo cursé la Maestría en Letras. Colaborador en diversas revistas literarias. Actualmente profesor de Literatura. Interesado en las ideas de la libertad, el debate plural y los problemas educativos.

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