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Los intelectuales y la libertad

Un grupo de intelectuales, académicos y comunicadores firmaron un desplegado recientemente en defensa de la libertad de expresión, ya que la consideran bajo asedio en México. Acusan al Presidente de sembrar odio contra sus adversarios. Con ello, afirman, agravia a la sociedad, porque él está obligado a “emanar” un discurso tolerante.

En parte tienen razón, está claro que el Presidente ha polarizado a la opinión pública, no sólo en la actualidad, sino desde que inició su campaña por la presidencia hace más de 15 años. Una prueba de los extremismos suscitados es que pocos políticos han recibido tantas críticas y tantos elogios desmesurados como AMLO. Es de los personajes de los que suele decirse que se odian o se aman.

Lo lamentable es que ni el odio, ni el amor son buenos analistas. El resultado de la polarización es la imposibilidad de un diálogo entre quienes lo consideran un dictador y quienes lo consideran un nuevo héroe de la patria.

Dudas legítimas: ¿ha sido intencional el dividir drásticamente opiniones? ¿En verdad ha pretendido sembrar odio entre diversos grupos? Y, otra pregunta más, al margen: ¿el odio sembrado necesariamente se cosecha?



El odio y el amor son sentimientos intensos, según la sabiduría popular, su distancia es de un paso. Lo que en verdad se opone a ambos es la indiferencia. A una persona que desea ser amada, no le duele tanto el odio como la indiferencia. Pero la clase intelectual, está preocupada por el odio y no mencionaron la responsabilidad individual ante tal sentimiento.

Analizar sin filias ni fobias

Este grupo de intelectuales no dicen directamente que odien al Presidente, o que el Presidente los odie, sino que el odio está en el aire. Cabe preguntar: ¿no es cada individuo responsable de sus sentimientos, tanto filias como fobias? Lo cierto es que, quienes escuchamos al Presidente, podemos reaccionar de distintas maneras: con enojo o con risa, con calma o con aburrimiento, incluso con compasión o lástima. El odio es sólo una posibilidad y es difícil que sea la mayoritaria.

Gran parte de los mexicanos no odia ni ama a AMLO, ya que la política no es la prioridad de millones de personas que trabajan mientras se televisan las mañaneras.

Por otro lado, sin AMLO, la política mexicana sería más aburrida. Eso que se llamó “tecnocracia” o ambiguamente “neoliberalismo” es otro nombre del aburrimiento ante una política de datos, protocolos y ausencia de ideología. Esa tecnocracia ha sido sustituida por el populismo, que da cierta vitalidad a la política como espectáculo.

No tenemos un gobierno eficiente, pero tenemos entretenimiento cada día. No hay que olvidar que los gobiernos anteriores tampoco fueron eficientes. El PAN y el PRI tuvieron oportunidades de sobra para demostrar su capacidad y fallaron. Los intelectuales que firmaron el desplegado también son parte de los fracasos de los pasados gobiernos, si no, como participantes, sí como críticos.

¿Quiénes son estos intelectuales?

Más de 650 intelectuales firmaron para que el Presidente deje de criticar a sus críticos; sin embargo, es difícil pensar que alguien pueda recordar a tantos intelectuales en México. Brota la pregunta: ¿quiénes son? Porque además no son toda la clase intelectual, no están aquellos que hoy apoyan a la 4T ni los que prefieren aguardar silenciosamente, tampoco están quienes no fueron invitados a la fiesta del desplegado.

Hay académicos y escritores muy destacados, entre los más notables: Enrique Krauze y Gabriel Zaid, Héctor Aguilar Camín y José Woldenberg, Javier Sicilia y María Baranda. Llama la atención que los mejores poetas de México están en la lista; también hay científicos célebres; pero son los intelectuales ligados a la política quienes acaparan la polémica.



Es una generación de intelectuales que desde su juventud se opuso a la hegemonía del partido único, criticaron fuertemente al populismo nacionalista de los años 70, discutieron la creación de la reforma política de 1978 que permitió la transición a la democracia. Creyeron que la alternancia de partidos políticos sacaría a México del subdesarrollo, lamentablemente, no advirtieron que los grandes problemas del país continuaban y algunos se acrecentaban.

Hoy esta generación de intelectuales vive su vejez, lo cual hace más desagradable a quienes injustificadamente los ofenden y calumnian. Ellos contribuyeron al fin del régimen de partido único, a pesar de eso les llaman priístas. Ellos suelen hacer propuestas socialdemócratas, pero son tachados de ser la derecha. En fin, el extremismo.

Se vale criticar a los críticos

Ciertamente, los intelectuales también pueden ser criticados por todos los ciudadanos, incluido el Presidente. La libertad de expresión es un derecho de todos, si el Presidente quiere criticarlos, tienen derecho a hacerlo, tal como ellos ejercen su libertad al acusar a AMLO de sembrar odio y, con ello abrir la posibilidad para entender que el resto de los mexicanos somos seres fácilmente manipulables.

Ahora yo ejerzo mi libertad para decirles a los firmantes del desplegado que confíen en mi raciocinio: jamás sentiré odio a causa de una declaración que haga el Presidente. Mis sentimientos los comando yo, tal como cada persona es responsable de comandar sus sentimientos.

Por supuesto, las difamaciones y las calumnias hay que considerarlas ajenas a la crítica, son delitos. Pero nunca está de más recordar, que ni los políticos, ni los intelectuales pueden salvar a una persona que no quiere ser responsable de su propia vida y de su educación sentimental.

Finalmente, la libertad de expresión es un derecho que todos queremos conservar y ampliar. Para ello conviene tener presente que, además del Estado, otros poderes pueden coartar esa libertad bajo pretextos morales o por una táctica de victimismo. La cultura de la cancelación también asedia nuestro país.

Fuentes

Fernández, A., 2020. Gramsci No Tiene La Culpa. Letras Libres. Recuperado el 21 September 2020 de Letras Libres.

Vargas Llosa, Á., 2020. La Cultura De La Cancelación. [online] Voces de Libertad. Recuperado el  21 September 2020 de The Independent

Antonio Rangel
Líder de Opinión de Modernidades - Poeta, narrador y ensayista. Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, ahí mismo cursé la Maestría en Letras. Colaborador en diversas revistas literarias. Actualmente profesor de Literatura. Interesado en las ideas de la libertad, el debate plural y los problemas educativos.

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