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La verdad sobre la salud del Presidente

La verdad sobre la salud del presidente
Foto. Archivo

La salud del Presidente es un tema, sin duda, preocupante. De momento, sabemos que Andrés Manuel López Obrador resultó positivo en la prueba del COVID-19. También sabemos que sus síntomas son leves, pero como tiene 67 años y es hipertenso, no debemos olvidar que pertenece a un grupo de riesgo. Para evitar una desgracia, seguramente, recibirá abundante atención médica, y por eso mismo es probable que se recupere pronto.

Quizá sea inevitable que surjan especulaciones sobre la veracidad de su enfermedad. Entre sus adversarios es posible que haya más regocijo que preocupación. Sin embargo, es necesario aceptar que la salud del Presidente es un tema de gran relevancia. En especial en este sexenio, pues la figura del Ejecutivo se ha vuelto demasiado central.

Dudas sobre la salud del Presidente

Hay algunas dudas que haría el gobierno bien en aclarar: ¿por qué el Presidente no fue vacunado? ¿Quién exactamente lo contagió? En el mejor de los escenarios futuros, si AMLO recupera su salud rápidamente, ¿continuará la misma estrategia de seguir realizando giras?

Hay otras dudas, que no será el Gobierno, sino el tiempo quien nos habrá de contestar si tenemos paciencia; por ejemplo: ¿aumentará la popularidad de AMLO gracias a su enfermedad? ¿Sucederá un giro en la estrategia para enfrentar la pandemia en México? ¿La polarización política del país podría disminuir? ¿Los mexicanos tendrán un mayor incentivo para extremar los cuidados de su salud?

En este momento, tenemos que lidiar con la falta de información. Ciertamente, la incertidumbre no es fácil de llevar, para colmo, estamos en un tiempo en el que abundan las notas falsas, imprecisas y tramposas. La clave es tener serenidad. El tiempo nos irá dando respuestas sobre el estado de salud del Presidente.

El peor escenario

Por otra parte, el ejercicio de imaginar el peor escenario; es decir, que la salud de AMLO sufra severamente y tenga una consecuencia fatal, me parece que idealmente podrían servir como pausa o una tregua, en la que baje el nivel de agresividad. Para ello en definitiva los dos bandos fanatizados que cotidianamente pelean deben cambiar. Me refiero a quienes hacen campaña a favor del Presidente y quienes son anti-AMLO.

Los activistas que apoyan al Presidente, “amlovers” o como se les quiera llamar, al imaginar la muerte del Presidente, por un momento al menos, podrían ver que su postura política tiene muy poco contenido. Más que un ideario, defienden una personalidad. La preferencia por el líder, más que por el proyecto, conlleva a que el proyecto se debilite o fracase cuando el líder falte.

En esta crisis, quizá se fortalezca el culto al líder y se vuelva menos importante el contenido político. Sería lamentable. Sin embargo, aunque sea muy pequeña, también existe la esperanza de que los militantes pro-AMLO comprendan que afianzar un proyecto para el país es más trascendente y más juicioso que concentrar toda la militancia en aplaudir al Presidente.

Los anti-AMLO han caído en el mismo error. Sus vaivenes políticos se deben a que anteponen el odio a la congruencia política. Han optado por una militancia agresiva, antes que reflexiva. De tal suerte que, de cara a las elecciones que vendrán, AMLO es un protagonista, a pesar de que no está en la boleta y, en estricto sentido, no forma parte de la disputa electoral.

Desbloquear el debate

Estos dos bandos, ante la crisis de salud del Presidente, podrían tener instantes de lucidez para aceptar que el país tiene problemas grandes que no son culpa de AMLO, así como oportunidades de mejora que tampoco dependen de AMLO.

La pregunta: ¿qué pasaría si él desapareciera? Acaso es oportuna para desbloquear el debate y discutir soluciones reales. Volver a la política y dejar de lado la pelea por la superioridad moral, la popularidad y la benevolencia o malevolencia del líder.

Mi postura política quizá sea muy dura en este caso, considero que con AMLO y sin AMLO, México puede prosperar y también hundirse porque veo los factores cruciales en otra parte. Pero también debo decir que por ahora, más que una postura política, mi postura está despolitizada: confío en el equipo médico que atiende la salud del Presidente. Espero que él se recupere pronto y que toda su familia se encuentre bien.


Fuentes

Antonio Rangel
Poeta, narrador y ensayista. Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, ahí mismo cursé la Maestría en Letras. Colaborador en diversas revistas literarias. Actualmente profesor de Literatura. Interesado en las ideas de la libertad, el debate plural y los problemas educativos.

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