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La tiranía del mercado de las ideas

La tiranía del mercado de las ideas
Foto. General

Un defensor del intervencionismo del Estado puede hablar de la “tiranía del mercado”, así como un defensor de la libertad individual puede hablar de la “tiranía de la mayoría”. Si mezclamos ambas nociones, tenemos un tema: la tiranía del mercado de las ideas, vamos a desarrollarlo.

Se entiende por tiranía el ejercicio abusivo del poder. Una forma de gobierno que no respeta los derechos naturales de cierta comunidad. De hecho, la tiranía se ejerce por imposición violenta. Como esta clase de gobierno suele ser ejercida por un déspota o una pequeña élite, suele olvidarse que también puede haber una tiranía de la mayoría.

Por otra parte, el mercado de las ideas es una metáfora que se usa para aludir a los espacios donde se genera la opinión pública. En nuestros tiempos, además de libros, revistas y periódicos, tenemos redes sociales y otros medios en las que algunas opiniones consiguen notoriedad. Solemos confiar en que la opinión de mayoría se ve reflejada en ese mercado de las ideas.

Conviene plantear una duda legítima: ¿es válido llamar tiránica a la opinión mayoritaria? Sí. Porque lo tiránico consiste en violentar el derecho de un individuo o de un grupo. La opinión mayoritaria puede llegar a ser tan fuerte que se silencie las voces de las minorías. Para que los individuos ejerzan la libertad de expresión es necesaria la posibilidad de explorar sin miedo diversas ideas y cuestionar aquellas que se dan por seguras.

La tiranía de “Mayorilandia”

Imaginemos una comunidad excesivamente democrática, donde todo lo decide la mayoría. La mayoría vota para que ella misma posea un poder ilimitado. La mayoría decide negar la existencia de derechos naturales y afirma que todo derecho es resultado del consenso mayoritario.

En ese sitio distópico, en Mayorilandia, la mayoría decide que debe haber una constitución donde se escriba de manera imborrable que la soberanía recae en la mayoría. En ella también se establece el derecho a que la religión mayoritaria sea la única permitida. Y se impone el derecho a expulsar a individuos opositores. Consecuentemente, la mayoría gana democráticamente elecciones para incrementar sus derechos, censurar ideas alternativas y las protestas en su contra.

Obviamente, la mayoría siempre está a favor de sus propios privilegios y obtiene gran aprobación en las encuestas. Esto se facilita porque en Mayorilandia todos los medios de comunicación tienen la misma línea editorial. Asimismo, en las escuelas se enseñan dogmas mayoritarios. Para colmo, jueces y magistrados comparten los sesgos de la mayoría.

Si a pesar de todo eso, sobrevive un individuo que no piensa como la mayoría ni vive como ella. Con justa razón, tal persona podría saberse carente de libertad y preso de una tiranía. Con justa razón podría comprender que para ser libre, las decisiones de la mayoría deben limitarse. La mayoría no debe tener poder ilimitado sobre la vida de las minorías ni sobre la minoría esencial que es el individuo.

¿Cómo se llama esa tiranía?

Una democracia ilimitada es una tiranía. Si la mayoría pudiera votar y decidir cómo debe toda persona vivir su vida, ya no habría individuos autónomos. Por eso es que los derechos no deben votarse. Sin importar lo que piense la mayoría, los derechos deben ser inalienables.

Ahora bien, podríamos sustituir la palabra “mayoría” por “pueblo” o “sociedad”, y su espíritu tiránico no cambia. A pesar de que palabra “democracia” tiene un gran prestigio en México, es conveniente notar que un exceso de democracia conlleva un riesgo, implica una amenaza para la libertad. Es hora de aceptar que los problemas de la democracia no se resuelven con más democracia. Por el contrario, pongamos límites al poder de la mayoría y defendamos las libertades de las minorías.

Otra cuestión es descubrir: ¿quiénes son realmente las minorías excluidas? En especial, ¿cuáles son las ideas discriminadas de nuestra época? Pienso que es fácil condenar ideas discriminatorias del siglo XIX, pero no es tan fácil conocer el nombre de las discriminaciones actuales.

Una forma de abordar las creencias actuales de la mayoría, es colocando en su lugar el vocablo “mercado”. Lo que más se vende y lo que más se consume en el presente refleja “la tiranía del mercado”.

Si entendemos por mercado el espacio imaginario que engloba todos los intercambios de bienes y servicios, cuando personificamos al mercado atribuyéndole una voluntad: “lo que el mercado demanda”, estamos haciendo una metonimia para aludir a la mayoría. Mercado es metonimia de pueblo y de sociedad, es metonimia de voluntad popular reflejada en el consumo de bienes y servicios.

La tiranía del mercado de las ideas

Un ejemplo sencillo: en Cuaresma, en ciertos pueblos, es imposible comprar carne roja. Se diría que el mercado no lo demanda, entonces no hay oferta, y si algún individuo quiere comprar carne, no la encontrará. Esto se debe a que los gustos de un individuo no pueden modificar las tendencias centrales del mercado.

Lo peor no consiste en que las modas o las tendencias centrales del mercado influyan en nuestras decisiones como consumidores, sino que también intercambiamos ideas, comerciamos juicios y prejuicios, compramos formas de vida.

Si pertenecemos a la mayoría, quizá no notemos ninguna opresión. Pero si nos salimos de la hegemonía cultural, o sea, del mercado de las ideas dominantes, seguramente en más de un momento nos sentiríamos discriminados, o al menos, incomprendidos. Veríamos la cara tiránica del mercado de las ideas.

La cara tiránica del mercado de las ideas

Si ponemos atención a las ideas de moda, los prejuicios hegemónicos, o las frases de éxito en el mercado de las ideas, encontraremos un problema político serio: la gente se deja llevar con mucha facilidad por lo que otros dicen. Algunas personas tienen un don para influir en los demás e influyen.

Así las ideas predominantes de nuestra época se esparcen por doquier y quien quiera negar tales ideas se encontrará aislado contra un mar de voces que repiten los mismos prejuicios. Es la tiranía de las mayorías.

Una sociedad con libre mercado tiene también un mercado de ideas. Es decir, una industria que busca obtener ganancias a través de la información, el entretenimiento y la discusión de temas. Esa industria no busca más ilustración, sino más clientes. Entonces las ideas más que apegarse al rigor, se apegan a lo que consume más la mayoría: sencillez, virulencia, morbo, esquemas simples, maniqueísmo, etc.

Por eso es que muchos han visto en una correlación entre diversos populismos y “la democratización” de las redes sociales. La polarización social también se ve como consecuencia de un mercado de ideas voraz en cuanto al clickbait.

A la sociedad le conviene que existan ideas de calidad e ideas diversas que solucionen problemas. Por eso es fundamental una educación que no se dedique a juzgar el pasado desde la superioridad moral del presente ni a creer que las ideas de hoy son preferibles tanto a las ideas del pasado como a las ideas que habrán de surgir en contra de nuestro presente. El futuro nacerá en contra del mercado de las ideas actualmente dominantes.


Fuentes
Antonio Rangel
Líder de Opinión de Modernidades - Poeta, narrador y ensayista. Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, ahí mismo cursé la Maestría en Letras. Colaborador en diversas revistas literarias. Actualmente profesor de Literatura. Interesado en las ideas de la libertad, el debate plural y los problemas educativos.

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