Cultura

La Sunamita; metamorfosis de una mujer herida

Inés Arredondo. Agorapoliticafilos.

La Sunamita, es una obra escrita por Inés Arredondo, cuentista sinaloense que perteneció a la generación literaria del medio siglo. Ella mostró en sus narraciones la realidad de la mujer en el contexto mexicano de los años 60.

Esta es una historia que relata la vida de Luisa, una mujer muy noble, joven y amable, que viaja para visitar a su tío tan querido que está por morir. Al llegar con su pariente, este quiere convencerla de casarse con él como último deseo, ya que esto lo haría muy feliz. Luisa asfixiada por la presión social y el compadecimiento hacia su tío, accede; sin embargo, el amor y afecto que sentía hacia él, se transforma en asco y odio al mostrar este sus verdaderas intenciones carnales hacia ella antes de morir.

La llegada

La historia comienza cuando Luisa recibe la triste noticia de su tío, que está muriendo, ella tiene que viajar hasta donde está para poder despedirlo.

Nada cambió cuando recibí el telegrama; la tristeza que me trajo no afectaba en absoluto la manera de sentirme en el mundo: mi tío Apolonio se moría a los setenta y tantos años de edad; quería verme por última vez puesto que yo había vivido en su casa como una hija durante mucho tiempo, y yo sentía un sincero dolor ante aquella muerte inevitable…Hice los rápidos preparativos para el viaje en aquel mismo centro intocable en que me envolvía el verano estático. Llegué al pueblo a la hora de la siesta.

La Sunamita. Inés Arredondo.

Al llegar con él, podemos darnos cuenta de cómo Don Apolonio, aunque moribundo, demuestra hacia Luisa bastante afecto y de manera muy presurosa, le dice que la casa será de ella.

Fuimos directamente a la habitación del enfermo. Al entrar casi sentí frío. El silencio y la penumbra precedían a la muerte… –Luisa, ¿eres tú? Aquella voz cariñosa se iba haciendo queda y pronto enmudecería del todo. –Aquí estoy, tío. –Bendito sea Dios, ya no me moriré solo. –No diga eso, pronto se va aliviar. Sonrío tristemente; sabía que le estaba mintiendo, pero no quería hacerme llorar. –Sí, hija, sí. Ahora descansa, toma posesión de la casa y luego ven a acompañarme. Voy a tratar de dormir un poco.

La Sunamita. Inés Arredondo.
Viajeros Callejeros.

Una trampa

Don Apolonio le ha dicho a Luisa que heredará su casa, todos sus bienes y, de manera muy simbólica, también le regala una reliquia que pertenecía a su esposa. Aquí se nos muestra esta actitud del dador; alguien que por amor entrega sus bienes, se vuelve una persona querida por quien los recibe. Luisa pensaba que su tío jamás le pediría nada a cambio y esto la hace admirarlo y tener aún más compasión por él.

–Tráeme el cofrecito ese que hay en el ropero grande. Sí, ese. La llave está debajo de la carpeta, junto a San Antonio, tráela también. –Mira, este collar se lo regalé a tu tía cuando cumplimos diez años de casados, lo compré en Mazatlán a un joyero polaco que me contó no sé qué cuentos de princesas austriacas y me lo vendió bien caro. –Tío, se fatiga demasiado, descanse. –Tienes razón, estoy cansado. Déjame solo un rato y llévate el cofre a tu cuarto, es tuyo. –Pero tío… –Todo es tuyo ¡y se acabó!… Regalo lo que me da la gana. Su voz se quebró en un sollozo terrible: la ilusión se desvanecía, y se encontraba de nuevo a punto de morir, en el momento de despedirse de sus cosas más queridas. Se dio vuelta en la cama y me dejó con la caja en las manos sin saber qué hacer.

La Sunamita. Inés Arredondo.
El Diario de Jose Luis Posa.

In articulo mortis

Don Apolonio está a punto de morir, llega un sacerdote para darle la bendición, sin embargo, le pide a este que lo case con su sobrina.

–Acércate –dijo el sacerdote. Obedecí yendo hasta los pies de la cama, sin atreverme a mirar ni las sábanas. –Es la voluntad de tu tío, si no tienes algo que oponer, casarse contigo in articulo mortis, con la intención de que heredes sus bienes. ¿Aceptas? Ahogué un grito de terror. Abrí los ojos como para abarcar todo el espanto que aquel cuarto encerraba. “¿Por qué me quiere arrastrar a la tumba?”… Sentí que la muerte rozaba mi propia carne. Yo moví la cabeza, negando. A mi espalda habló el sacerdote.

La Sunamita. Inés Arredondo.

La misma familia comienza a decirle a Luisa que este matrimonio le puede convenir, que es un gesto de amor y que ella debería hacerlo si es verdad que lo aprecia tanto; intentan manipularla, la obligan a tomarlo de las manos y ella con náuseas acepta.

–Don Apolonio quiere casarse con ella en el último momento para heredarla. –¿Y tú no quieres? –No seas tonta, solo tú te lo mereces. Fuiste una hija para ellos, te has matado cuidándolo. Si no te casas, los sobrinos de México no te van a dar nada. ¡No seas tonta! –Es una delicadeza de su parte. –La fortuna es considerable, y yo, como tío lejano tuyo, te aconsejaría que… –Pensándolo bien, el no aceptar es una falta de caridad y de humildad. Me vinieron náuseas y fue el último pensamiento claro que tuve esa noche. Desperté como de un sopor hipnótico cuando me obligaron a tomar la mano cubierta de sudor frío. Me vino otra arcada, pero dije “Sí”.

La Sunamita. Inés Arredondo.
Pxhere.

Metamorfosis de una mujer herida

Luisa no sabe lo que le espera, solo imagina lo peor, accedió a algo que no quería e incluso la misma familia que la obligó, se burla sin descaro de la desgracia de Luisa; quien “dejará de ser virgen” a manos de su tío.

–Feliz noche de bodas –susurró a mi oído con una risita mezquina la prima jovencita… Yo lo seguí cuidando, pero ya sin alegría, con los ojos bajos y descargando en el esmero por servirlo toda mi abnegación remordida y exacerbada: lo que deseaba, ya con toda claridad, era que aquello terminara pronto, que se muriera de una vez…El miedo, el horror que me producían su vista, su contacto, su voz, eran injustificados, porque el lazo que nos unía no era real, no podía serlo, y sin embargo yo lo sentía sobre mí como un peso, y a fuerza de bondad y de remordimientos quería desembarazarme de él.

La Sunamita. Inés Arredondo.

La personalidad de Luisa comenzó a transformarse, estaba totalmente sometida. La desvergüenza de su tío al querer transformar su relación, le producía repugnancia y a quien quiso como un padre, ahora era su peor enemigo y verdugo. 

Su cuerpo casi muerto se calentaba. –Ven aquí, Luisa. Siéntate a mi lado. Ven. –Sí, tío –me senté encogida a los pies de la cama, sin mirarlo. –No me llames tío, dime Polo, después de todo ahora somos más cercanos parientes-. Había un dejo burlón en el tono con que lo dijo. Aquel nombre pronunciado por mis labios me parecía una aberración, me producía una repugnancia invencible.

La Sunamita. Inés Arredondo.
Belén. Dibujos de Camila.

La mano descarnada

Llegó uno de los días más aterradores para Luisa. El hombre no se moría y, al contrario, parecía que cada vez tomaba más fuerzas. Luisa era tratada como una sirvienta y ahora tenía la obligación de complacer a Don Apolonio. Uno de esos días, él se aprovechó de ella.

–Recoge el libro. Se me cayó debajo de la cama, de este lado. Me arrodillé y metí la cabeza y casi todo el torso debajo de la cama, pero tenía que alargar lo más posible el brazo para alcanzarlo. Primero me pareció que había sido mi propio movimiento, o quizá el roce de la ropa, pero ya con el libro cogido y cuando me reacomodaba para salir, me quedé inmóvil, anonadada por aquello que había presentido, esperando: el desencadenamiento, el grito, el trueno. Una rabia nunca sentida me estremeció cuando pude creer que era verdad aquello que estaba sucediendo, y que aprovechándose de mi asombro su mano temblona se hacía más segura y más pesada y se recreaba, se aventuraba ya sin freno palpando y recorriendo mis caderas; una mano descarnada que se pegaba a mi carne y la estrujaba con deleite, una mano muerta que buscaba impaciente el hueco entre mis piernas, una mano sola, sin cuerpo. –¡Qué! ¿No eres mi mujer ante Dios y ante los hombres? Ven, tengo frío, caliéntame la cama. Pero quítate el vestido, lo vas a arrugar.

La Sunamita. Inés Arredondo.
El final del camino. Wsimag.

Las huellas del ya muerto

Al fin de unos días, el tío muere, muere a gusto por haber cumplido sus objetivos y muere pensando solo en él mismo, sin importarle para nada el bienestar de su sobrina. Apolonio deja  en Luisa una mujer vulnerable, incompleta, una mujer transformada en algo que ella repudia y que a pesar del tiempo, jamás podrá volver.

Luchando, luchando sin tregua, pude vencer al cabo de los años, vencer mi odio, y al final, muy al final, también vencí a la bestia. Apolonio murió tranquilo, dulce, él mismo. Pero yo no pude volver a ser la que fui. Ahora la vileza y la malicia brillan en los ojos de los hombres que me miran y yo me siento ocasión de pecado para todos, pero que la más abyecta de las prostitutas. Sola, pecadora, consumida totalmente por la llama implacable que nos envuelve a todos los que, como hormigas, habitamos este verano cruel que no termina nunca.

La Sunamita. Inés Arredondo.
Wallhere.

Conclusión y análisis

Inés Arredondo trata en esta narrativa el sentimiento de la mujer frustrada, siendo así, una de las escritoras mexicanas con acercamientos feministas, por expresar de forma literal cómo la vida de una mujer, su personalidad, su bondad y su integridad, se pueden ver destruidas y frustradas por las malas intenciones de otros, por la presión social de la familia y la imposición de figuras más “importantes” en las decisiones de las que no tiene ni voz no voto.

La historia refleja la verdadera bondad e inocencia que puede presentar una mujer hacia su familia, este amor fraternal que pareciera no esconder secretos, ser puro, tierno, que debería ser un amor de respeto y buenas memorias. Sin embargo, el que pervierte este amor fraternal es el tío, que básicamente era un lobo disfrazado de oveja y a través del mucho amor que pregonaba hacia su familia mostraba una personalidad incorruptible. La moraleja que nos brinda Inés Arredondo es precisamente el desconfiar, es el observar y analizar todo, porque hasta el ser más amable puede ser la persona más corrupta.    

La figura, que Luisa amaba como un padre, de repente se transforma en un hombre hambriento de lujuria, ella se da cuenta que su tío jamás sintió afecto y cariño paternal hacia ella, más bien, todo aquel deseo sexual que reprimió, lo expuso al momento de casi morir. Fue tan perverso, que intentó disfrazar su lujuria casándose, tratando de hacer las cosas “correctamente”, solo para realizar sus enfermas intenciones.

Finalmente, Arredondo hace una comparación de La Sunamita bíblica con Luisa. La Sunamita fue una mujer hermosa, que servía sexualmente al rey David cuando este ya era anciano, él nunca la conoció. Esta Sunamita, llamada Luisa, fue subyugada , ni siquiera las herencias que su tío le dejó pudieron remediar las pesadillas que vivió esos días. Arredondo nos advierte de estos captores, hoy sigue habiendo muchos Apolonios y, en un mundo lleno de estas bestias, es mejor no ser una Sunamita. 

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Referencias
  • Enciclopedia de la Literatura en México. Inés Arredondo. (13 de julio del 2021). De Elem.
  • Inés Arredondo. La Sunamita. De Atópico.com.mx
Melissa Nájera
Ex redactora Funcional de Primer Nivel de Modernidades - Hola, soy Melissa; me gusta el sol, las aves, la playa y las novelas mexicanas del siglo XX y el karaoke. Soy docente y escritora en este maravilloso periódico. Puedes encontrarme en Twitter como @MelissaNajera18.

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