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La sombra de la democracia

La sombra de la democracia
Foto. Archivo

La democracia suele vincularse con cualidades como el respeto y la tolerancia, se considera un mecanismo para resolver conflictos, eliminar injusticias y garantizar el desarrollo. Pareciera que la democracia no arrastra ninguna sombra, ningún lado oscuro. Todo lo malo fue desterrado del concepto “democracia”.

¿A dónde va aquello que no cabe en una sociedad democrática? Aquellas voces que se censuran y que se procuran ocultar del panorama público en nombre de la democracia, ¿dónde pueden manifestarse? En las sociedades supuestamente abiertas, esas voces terminan en la sombra colectiva, en el lado oculto de la democracia.

Fue el psicólogo Carl Jung quien expuso el arquetipo de la sombra como una representación de cierta parte de nuestra personalidad que permanece escondida, incluso para la propia conciencia. Debido a que disociamos nuestra identidad de algunas características que no asumimos como propias, vamos agrandando nuestra sombra.

Asimismo las sociedades podrían tener una sombra, hecha de características reprimidas. A mi juicio vimos una sombra de la democracia estadounidense el pasado 6 de enero, cuando irrumpieron en el Capitolio de Washington cientos de personas. Fueron a protestar contra lo que consideran una elección fraudulenta, incluso contra el sistema electoral en el que ya no confían, al que ven como un instrumento de la oligarquía. No fue un acto racional.

La sombra de la censura

Por una parte, la uniformidad de los medios de comunicación al referir los hechos y, por otra parte, la censura que impusieron las Redes Sociales a los mensajes del presidente Donald Trump, indican que esos hechos en vez de analizarse, se esconden. En vez de escuchar a quienes protestan, se les ningunea. Se les quita el estatus de ciudadanos que se manifiestan políticamente para considerarlos simples fanáticos, cuyo malestar por el sistema político es irrelevante.

Considerar que Trump el único causante de tales acontecimientos, un peligro para Estados Unidos, un populista, un enemigo de la democracia, un golpista y el villano del cuento, no sólo es exagerado, es olvidar que existe un gran porcentaje de la población norteamericana que concuerda con las ideas que expresa Trump desde antes que él se postulara en 2016.

Es más sensato considerar que Trump actuó como empresario, al notar entre la gente el deseo de tener un líder ajeno a la casta política, por eso vendió su propia personalidad a los electores. Pero incluso si Trump se apartara del horizonte, la demanda por un líder con sus características continuaría. Por ello es que los medios hegemónicos no están censurando solamente a Trump, sino a los millones de votantes que se sienten representados por él.

La sombra de las Big Tech

La actitud juiciosa que debería tomar la clase política estadounidense sería la autocrítica. Buscar un consenso, hacerle sentir a esas millones que no se sienten representados por el establishment ni confían en las instituciones, que su sistema electoral se puede reformar y mejorar. El punto es dar un mensaje de que la gente sí es tomada en cuenta. Sin embargo, da la impresión de que prefieren alimentar la sombra. Quieren mantener el mito de que la democracia norteamericana es perfecta, maravillosa y que cualquier sospecha de fraude es inadmisible.

Otro aspecto importante que se ha revelado en estos días es el sesgo político de Twitter y Facebook. Al censurar a Trump han abierto la posibilidad de censurar sin consecuencias a cualquier otra persona por motivos arbitrarios.

Al mismo tiempo, una nueva plataforma para la comunicación ha sido eliminada de las tiendas de Apple y Google, así como del servidor de Amazon, me refiero a Parler, que estaba creciendo dada su apuesta por la libertad de expresión. Se trataba de una red, al parecer, muy frecuentada por los trumpistas. Las Big Tech se pusieron de acuerdo y eliminaron a la competencia. Con ellos, afianzan su oligopolio y su influencia política.

¿Ante qué estamos? Parece muy acertada una idea de Byung-Chul Han de un nuevo feudalismo. Facebook y Twitter son nuestros señores feudales, nos dan “gratis” sus plataformas para que trabajemos en ellas dándole datos, nuestra atención y también contenidos. Es un modelo de negocio magnífico, pues aramos la tierra virtual que nos prestan sin sentir que trabajamos, completamente enajenados.

Si estas redes sociales continúan interviniendo en la política y censurando opiniones que disgustan a sus directivos, la sombra de la democracia se hará más grande. Pero no se puede reprimir para siempre la inconformidad. Continuarán apareciendo acontecimientos que parezcan extraños, síntomas de una sociedad que se niega a explorar sus zonas sombrías.

La sombra de la democracia en México

En México tenemos un problema parecido. Al presidente López Obrador se le critica, en ocasiones con justicia, y en otras en exceso. Se le atribuyen defectos que podrían ser más bien defectos colectivos del mexicano. Arrastramos nuestra sombra, la cual podría equipararse con el llamado “México bronco”.

Así como los estadounidenses para superar su polarización, su crisis política, deben reconocer las imperfecciones de su sistema y el riesgo oligárquico en el que se encuentran; así también los mexicanos tenemos que enfrentar nuestra propia sombra, no caer en el error de culpar a un solo hombre por problemas históricos.

Para llegar a un consenso, que hoy no existe, sobre el país que deseamos, primero debemos reconocer el México oscuro, encararnos y reconciliarnos con nuestra sombra.


Fuentes

Jung, C. G. (1970) Arquetipos e inconsciente colectivo, Barcelona, Paidós.

Antonio Rangel
Poeta, narrador y ensayista. Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, ahí mismo cursé la Maestría en Letras. Colaborador en diversas revistas literarias. Actualmente profesor de Literatura. Interesado en las ideas de la libertad, el debate plural y los problemas educativos.

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