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La identidad de la Virgen de Guadalupe: ¿La Llorona o Tonantzin?

La identidad de la Virgen de Guadalupe: ¿La Llorona o Tonantzin?
Foto. Archivo

Mucho se dice acerca de la identidad de la Virgen de Guadalupe. Entorno a ella hay diversos mitos, historias y documentos que dan una idea mayor. Uno de los grandes temas de debate al respecto, es la identidad de la Virgen de Guadalupe: ¿La Llorona o Tonantzin?

¿Puede realmente relacionarse la identidad de la Virgen de Guadalupe con la Llorona o la Diosa Tonantzin? En esta nota comparto algunos argumentos al respecto.

Tonantzin

Figura de representación de Tonantzin – Época precolombina

Antes de ser bautizada como La Virgen de Guadalupe, la Morenita, etcétera, se llamaba Tonantzin. Nombrada por los indígenas mesoamericanos que tenían un lugar de adoración: El cerro de Tepeyac.

La identidad de la Virgen de Guadalupe empieza a esclarecerse.

En el códice Teotenantzin, atribuido a Lorenzo Boturini, podemos encontrar datos acerca de templos de adoración en el Tepeyac, incluso antes de la llegada de los españoles.

En el códice, se aprecia un texto en español que hace referencia a una deidad identificada como Teotenantzin, “Madre de los Dioses”. Analizando el códice, el historiador mexicano Alfonso Caso, pudo identificar algunas ilustraciones con características de dos Diosas: Chalchiucueiti y Teotenantzin.

Con este análisis, se pudo asegurar la existencia de un lugar de adoración a una diosa antes de la colonización. Un dato importante de ello, es decir que, a la Diosa Tonantzin se le conocía como “Nuestra Madre” y estaba asociada a la fertilidad.

El cerro de Tepeyac

Fray Bernardino de Sahagún (misionero y cronista), habla del Tepeyac. En su libro, “Historia General de las Cosas de la Nueva España”, menciona la existencia de un monte llamado Tepeác, al que los españoles, posteriormente, nombraron Tepeaquilla. En ese lugar se realizaban fiestas en honor a Tonantzin.

Juan de Torquemada, quien fue franciscano e historiador español, menciona en sus escritos que la Diosa Tonantzin, se le aparecía a indígenas con forma de una mujer vestida de blanco.

En 1528, los colonizadores, ordenaron la construcción de una ermita en el cerro Tepeác, esto con el fin de sepultar la adoración a la Madre de los Dioses y, en su lugar, establecer a la Virgen de Guadalupe como la nueva “Madre de los indígenas

La escultura que se encontraba en el Tepeác, donde se representaba a Tonantzin, fue sustituida por una pintura de la supuesta Virgen de Guadalupe. Esta pintura permanece en la Basílica de Guadalupe.

El historiador y promotor de las lenguas indígenas, Miguel León Portilla, realizó diversos escritos. Habla de una relación entre Tonanztin y la Virgen de Guadalupe. Esta relación no fue casualidad, pues la Virgen de Guadalupe, según historiadores y cronistas, fue utilizada para facilitar el sometimiento de los pueblos indígenas sin generar disturbios.

La Llorona

En la época prehispánica, surgió un mito tan fuerte, que hasta nuestros días, sigue vigente: La Llorona. Símbolo y arquetipo de México, se habla de una entidad femenina que se lamenta por las calles de México.

Relatos de la época, nos cuentan que, al sonar las campanas de la Catedral, los habitantes de México hacían uso de cerrojos, trancas y lo que tuvieran a su alcance en puertas y ventanas. Nadie se atrevía a siquiera mirar por la ventana.

El pueblo mexicano se encontraba a merced del miedo. Muchos hablaban de un gemido parecido al de una plañidera, (en la época colonial se contrataban mujeres para que lloraran por las calles para avisar el fallecimiento de alguien). El grito era capaz de escucharse en un radio mayor al humanamente posible.

Algunas de las referencias para justificar la aparición, aparecen en el mismo libro de Sahagún. Dice que en el cerro del Tepeyac se hacían sacrificios a niños a favor de las lluvias. Esta narración nos ayuda a entender la relación entre la llorona, la Virgen, Tonantzin y el agua.

Relación entre Tonantzin, la Llorona y la Virgen de Guadalupe

En los diversos mitos, los cuales, se sustentan también en las crónicas de diversos frailes y escritores como Sahagún, encontramos la relación entre la Llorona y la Virgen: El lamento por los hijos.

Recordemos que la traducción de Tonantzin es: “Madre de los Dioses” y que a su vez, se relaciona con la Madrecita de México, la cual es mencionada por Juan Diego. El indio que supuestamente vio a la virgen, la nombró como Tonantzin, y no como Virgen de Guadalupe.

Los presagios dicen que la mujer de blanco que camina por las calles lamentándose por sus hijos, es la misma Tonantzin, la cual lamenta el destino que les espera a los prehispánicos, por la llegada de los españoles. Otros mitos hablan de una mujer que en despecho, ahogó a sus hijos, y otras más hablan de la famosa Malinche.

Entre 1528 y 1533, hay apariciones de la Llorona o la Cihuacóatl en Tlatelolco, en los mismos tiempos que aparece la Virgen de Guadalupe.

Los datos proporcionados por un sacerdote de la época, dicen que Juan Diego dijo habérsele aparecido la Virgen en tres ocasiones, y se refiere a ella como Tonantzin, aparecida en el Tonantzintla, lugar que se traduce como “el lugar de nuestra madrecita”

En la Biblia, aparecen pasajes que pueden ser relacionados, por ejemplo: en Jeremías 31:15 habla del lamento de Raquel, repetido en Mateo 2:17. Raquel se lamenta por la muerte de los niños inocentes, en donde llora también por los suyos.

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La identidad de la Virgen de Guadalupe

Respecto a la imagen de la Virgen, hay una relación directa con Tonantzin. La representación de la virgen prehispánica se divide en dos: La primera es la que puede relacionarse a Cihuacoatl e incluso, según el investigador e historiador Rodrigo Martinez Baracs, a Lilith, la misma del mito pagano, a quien se le refiere como la mujer creada antes de Eva. Esta relación viene por la presencia de serpientes en su imagen.

La segunda representación, es tomada de las figuras realizadas antes de la llegada de los españoles, donde se ve a Tonantzin como una mujer morena, de pie sobre una media Luna.

Fray Bernandino de Sahagún también menciona que los indígenas no fueron evangelizados facilmente, puesto que, al verse sometidos, sus templos desechos y suplantados por otros, decidieron engañar a los españoles.

Por varias partes del país se irguieron templos a distintas Vírgenes. Sin embargo, los indígenas seguían recorriendo grandes trayectos para ir al Tepeyac. Esto nos habla de una relación directa entre las peregrinaciones realizadas a la Basílica de Guadalupe, donde, según Sahagún, seguían adorando a Tonantzin de manera implícita, engañando a los religiosos católicos.

Religiosos anti-guadalupanos

Recordemos que a Sahagún, a pesar de ser misionero, se le ha considerado como anti-guadalupano, por la constante mención de que la Virgen de Guadalupe es sólo un método de evangelización a los indígenas y disfrazar de manera paulatina a la verdadera Madre de los prehispánicos: Tonantzin.

“Católico soy, aunque no bueno, Ilmo. Sr. Y devoto en cuanto puedo, de la Stma. Virgen: a nadie querría quitar esta devoción: la imagen de Guadalupe será siempre la más antigua, respetable de México. Si contra mi intención, por pura ignorancia, se me hubiese escapado alguna palabra o frase malsonante, desde ahora la doy por mal escrita. Por supuesto que no niego la posibilidad y realidad de los milagros: el que estableció las leyes, bien puede suspenderlas o derogarlas; pero la omnipotencia divina no es una cantidad matemática o susceptible de aumento o disminución y nada le atañe o le quita un milagro más…

De todo corazón quisiera yo que uno (milagro, la Aparición) tan honorífico para nuestra patria fuera cierto, pero no lo encuentro así; y estamos obligados a creer y pregonar los milagros verdaderos, también nos está prohibido divulgar y sostener los falsos…” 

Joaquín García Icazbalceta al arzobispo Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos en 1883.

¿La llorona o Tonantzin? La supuesta identidad de la Virgen de Guadalupe

El historiador Jacob Burkhart, menciona en su investigación, que Dios y los santos fueron sólo extensiones o versiones de las deidades prehispánicas. Esto para que los españoles pudieran adherir un poco sus creencias a las de los prehispánicos.  Los colonizadores también se basaron el hecho de que, los prehispánicos podían adaptarse en cuestiones religiosas, como lo ejemplifica con la cultura náhuatl, la cual aceptaba a los Dioses de otras culturas cuando eran vencidos en guerra.

Respecto a esto, no olvidemos que varios de los dioses de los prehispánicos fueron analizando, representaciones visuales con pocas variaciones. Ejemplo de ello podemos encontrar los diversos nombres, según las zonas, que se le dio a la deidad dedicada al Sol, entre otros.

El lugar de peregrinación se conservó, como dice arriba, en el cerro del Tepeyac, y sustituyeron la imagen que los españoles consideraban pagana, por algo que ellos aceptaran, como lo es el manto verde de la Virgen con el manto azul jade de Quetzalcóatl.

Podemos concluir entonces, que las similitudes y relaciones entre la identidad de la Virgen de Guadalupe, Tonantzin y la Llorona son fuertes, y están sustentadas en investigación arqueológica, histórica y teológica.

Los templos que ahora se levantan en diferentes partes del país, llevan debajo, dioses que aunque algunos olviden, están presentes incluso en las deidades católicas, a pesar de considerarse paganas.


Bibliografía
  • Fray Bernardino de Sahagún, Códice Florentino, Historia General de las cosas de la Nueva España. México, Edit. Libros Más Cultura-Aldus,2001.7
  •  Miguel León-Portilla, “Tonantzin-Guadalupe”, Pensamiento náhuatl y mensaje cristiano en el “Nican mopohua”. México, El Colegio Nacional, Fondo de Cultura Económica, p.2001, 202.
  • Joaquín García Icazbalceta, Investigación histórica y documental sobre la aparición de la Virgen de Guadalupe de México. Ediciones Fuente Cultural. México, 1952 p.69
  • Antiguo testamento Jeremías 31:15
ISIS Matías
Escritora publicada, estudiante de arquitectura por la Universidad Autónoma Metropolitana y performance. Interesada en el indigenismo, cultura general y temas diversos, siempre buscando rescatar lo que empieza a disolverse en la memoria popular.

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