Eslabones PolíticosOpinión

Espacio público y democracia

Espacio público y democracia
Foto. GettyImages

Cada conversación que sostenemos sobre intereses comunes va constituyendo un espacio público. Las opiniones que expresamos y los debates que ventilamos tienen lugar en ese espacio público. Tales lugares poseen un tipo de materialidad: un café, una revista, un foro, una plataforma digital. Y esas materialidades tienen dueño, o dicho de otro modo: intereses privados que pueden entrar en conflicto con las opiniones que ahí se vierten.

Un reto de las democracias que pretenden ser deliberativas es promover la libertad expresión, con algo más que buenas intenciones y discursos. Se trata de defender el acceso a la información y a los debates públicos, ya sea con instituciones formales como el INAI, o bien, mediante otras estrategias como combatir los oligopolios mediáticos, garantizar el derecho de réplica, así como creación de foros u organización de sondeos.

La democracia, sea deliberativa o participativa, requiere espacios públicos para existir. De otro modo, tal democracia sería una fachada. También la democracia representativa tiene la necesidad de espacios para la discusión. La diferencia es que en la representativa se pueden tomar decisiones con base en las propuestas de expertos, sin considerar la opinión de las mayorías. ¿Esta sería una democracia en la que los espacios públicos estuvieran en segundo plano? Si, y sólo si, no hubiera un malestar notorio.

Cuando el malestar público se manifiesta, los representantes dejan de ser vistos como expertos que nos conducen hacia la prosperidad, guiados únicamente por el conocimiento y el interés general, para ser vistos como una casta o una clase dominante que persigue sus propios fines.

El espacio público del PRIAN

En este 2021, es el momento de notar que en los últimos veinte años nuestra democracia (“sin adjetivos”) fue un proyecto que no arraigó entre la mayoría. Ni el PRI ni el PAN lograron convencer a la opinión pública de que sus políticas representaban nuestros intereses, en vez de sus intereses. Les basta nuestro voto y nuestro dinero, nuestra opinión no les importó demasiado.

¿Con esto quiero decir que ni el PRI ni el PAN contribuyeron a mejorar las condiciones de vida de los mexicanos? Por supuesto que no. Sus gobiernos tuvieron claroscuros, aciertos y errores, virtudes y corrupciones. El énfasis de este análisis radica en señalar la poca importancia que le dieron a los espacios públicos y a los sectores inconformes. Me atrevo a decir que la democracia del PRIAN gobernó de espaldas a la opinión pública, apostando por la despolitización de la esfera pública.

Pienso en tres refutaciones a mi anterior afirmación: a) El PRIAN no existe, es sólo estrategia de campaña. B) La opinión pública es plural, o al menos un concepto debatible. C) La democracia no debe ser cuestionada en lo absoluto.

Si bien, el PRIAN es un engendro que carece de seriedad y que es utilizado para deslegitimar a ambos partidos, me parece que sí tiene un referente real, a saber: el ala tecnocrática del PRI y el flanco empresarial del PAN, esas corrientes internas son las que constituyen al PRIAN, puesto que el ala nacionalista y populista del PRI no es parte activa de tal alianza ni tampoco los grupos más católicos y democráticos del PAN. Al PRIAN lo conforman quienes tienen menos convicciones y más ambiciones, los que tienen menos ideología y más pragmatismo. Por lo mismo, los que menos se interesan por la gente y el espacio público.

La idea de que la democracia como marco institucional no debe ponerse en tela de juicio es idealismo. En verdad, hay que valorar lo que se fue construyendo desde hace tres décadas. Sin embargo, considero que para que la democracia mexicana no fracase ni luzca como un proyecto meramente elitista, debe incorporar una mayor deliberación y participación en los asuntos públicos.

Es cierto que la opinión pública tiene sus problemas, tampoco debemos idealizarla porque puede ser banal y manipulada por los intereses privados de un pequeño grupo. Para que se generen debates constructivos debemos contar con un espacio público adecuado. He aquí el problema.

El teórico del espacio público

Quizá el mayor filósofo vivo, Jürgen Habermas, es quien más profundamente ha expuesto el tema del espacio público. En los cafés, en los salones y en las tertulias, vio Habermas el nacimiento de un razonamiento crítico, incentivado por las discusiones, en los que no el título, sino la mejor argumentación podía prevalecer.

No cabe duda, que hoy el espacio público se encuentra principalmente en Facebook y Twitter. Esto provoca que los dueños de ambas empresas acumulen un poder enorme. Ejercen tal poder de manera seductora para dirigir nuestra atención. Sin violencia, pueden silenciar o arrinconar las opiniones políticas que deseen. Como no hay violencia y son empresas privadas, los liberales ingenuos no ven ningún problema en la censura de las redes sociales.

Cierta clase de liberales sólo entiende el poder como coerción y al Estado como la única entidad que ejerce poder. Creen que los espacios públicos no existen, pues consideran que todo espacio es privado o estatal. Lo cual los llevaría también a negar la existencia de la opinión pública. Piensan desde un individualismo obtuso. Otros liberales, en cambio, comprenden que sería admisible regular a las grandes empresas tecnológicas y que el objetivo del liberalismo no es defender a los capitalistas, sino la libertad de todos, incluidos los adversarios.

¿Hay espacio público sin intereses privados?

Aunque no exista en este momento ninguna red social totalmente libre de intereses privados, pienso que podría existir en el futuro. Primero, vale recalcar que Facebook y Twittter son empresas gigantes que no están a nuestro servicio, sino que tienen por interés principal retener nuestra atención para monetizarla. Además, con un sesgo ideológico. Pero hay un ejemplo que contrasta: el de Wikipedia. Si bien, no es una red social, sí es un proyecto en el que los intereses privados no predominan, sino un ideal de ilustración, de confiar en las normas comunitarias, en el entendimiento racional y la buena voluntad de quienes libremente contribuyan con tal proyecto.

Tal vez se puedan formar organizaciones civiles que nos ayuden a minimizar el poder que tiene el actual capitalismo de vigilancia y pasemos de ser vigilados por las redes, a usarlas con cautela y sin ingenuidad.

Hoy sabemos cuáles periódicos tienen una línea editorial a favor del gobierno y cuáles están en contra suya, ambas posturas son legítima, pero no podría decir lo mismo de las grandes redes sociales. Ellas se ofrecen como plataformas neutrales, pero son capaces de inclinar la balanza a favor de un bando político. en México podrían ser más influyentes que los diarios y que las televisoras.

Foto de Thought Catalog en Pexels

Fuentes
Antonio Rangel
Poeta, narrador y ensayista. Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, ahí mismo cursé la Maestría en Letras. Colaborador en diversas revistas literarias. Actualmente profesor de Literatura. Interesado en las ideas de la libertad, el debate plural y los problemas educativos.

Los comentarios están cerrados