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Opinión – El pueblo y el cuento de la democracia

Opinión - El pueblo y el cuento de la democracia
Foto. GettyImages

Hace más de 50 años escribió uno de nuestros mayores poetas: “He aquí lo máximo que puede llegar a ser el pueblo: un rollo de papel higiénico”. Quizá no son sus mejores versos. Ciertamente sus posturas políticas no le dieron celebridad, pero en ese poema de Sabines, “Diario Oficial”, destella una clave para entender que el “pueblo” como concepto, al igual que “democracia” puede ser un simple cuento, una figura retórica sin valor.

También sirve el pueblo para otros menesteres literarios:

escribir el cuento de la democracia,

Jaime Sabines “Diario Oficial” (marzo de 70)

El pueblo de Ernesto Laclau

Sin embargo, unos años más tarde, el historiador argentino Ernesto Laclau, quien tal vez sea el posmarxista más influyente en México, desarrolló una serie de razonamientos por los cuales se llega a comprender que el pueblo puede construirse para entablar una lucha política, si previamente se diseña una serie de demandas que ganen popularidad, se configura una identidad masiva y se traza una frontera para desterrar a los adversarios.

En otras palabras, si hay muchos mexicanos que creen que existe el pueblo de México, entonces existirá, al menos políticamente. Si además se consolida la opinión mayoritaria de que ciertas exigencias son justas y necesarias, por ejemplo: “los mexicanos estamos hartos de la corrupción”, entonces esa opinión comenzará a ser tan fuerte como si fuera una verdad. Y si aunado a esto hay grupos que se niegan a integrarse con la corriente mayoritaria, en especial si pueden diferenciarse por cultura o raza o clase económica, tales grupos se volverán en consecuencia: enemigos del pueblo.

Si hoy gobierna la 4T en México, en parte se debe a muchas ideas potentes de la izquierda a nivel mundial. Aunque haya quienes ingenuamente crean que la 4T es un proyecto populista sin una teoría sólida, lo cierto es que no es así. Las ideas siempre son importantes. En cada transformación del poder subyacen ideas fuertes. En ese sentido, considero que para seguir la trayectoria ideológica de la 4T, un punto de partida debe de ser Ernesto Laclau.

AMLO, como líder, rescató el concepto de pueblo, que se había dejado de lado por los gobiernos del PAN y del último PRI. Gracias a usar esa palabra en sus discursos, terminó por hacer que sus seguidores se identificaran con comunidad imaginaria, así se volvió una identidad colectiva, que tiene un antagónico: los fifís, la mafia del poder, los políticos corruptos, pero en última instancia, aquellos que no lucen como pueblo.

Un ejemplo claro

Ricardo Anaya y el pueblo están separados por una frontera antagónica, como dijera Laclau. Sinceramente no creo que este joven político logre atravesar esa frontera, aunque sea una frontera que va desplazándose. El problema es que los liberales como Anaya dialogan con la mítica sociedad civil y con un ciudadano ideal, en vez de establecer contacto con el sujeto político por excelencia: el pueblo.

Por otra parte, no pocos militantes de la 4T, incluso bien formados, tampoco comprenden al pueblo de México. Las corrientes de izquierda más extravagantes no son populistas, sino su contrario: elitistas. Votaron por AMLO y apoyan a la 4T porque ven que mediante ella se abre el camino para impulsar sus respectivas agendas. Pero es muy probable que feministas, ecologistas e indigenistas se sientan incómodos dentro de un proyecto en cuyo centro está el pueblo de México.

El pueblo no se divide por géneros, ni tampoco por raza, mucho menos está dispuesto a ceder su soberanía a empresas extranjeras por más ecológicas que sean. El pueblo es un proyecto político de unidad. Sin pueblo, no hay 4T. Pero así como ni el feminismo, ni el indigenismo ni el ecologismo son indispensables para la 4T, tampoco el pueblo es indispensable para esos movimientos. Ahora bien, los partidos de oposición se equivocan abismalmente si creen que pueden sumar esos movimientos a su propia causa.

El pueblo de México ¿es de izquierda o derecha?

Para gobernar con apoyo popular, no hay otro camino más que configurar una identidad colectiva que se llame “pueblo”. Para ello, no se puede partir de ideologías que se basan en la lucha de clases o en incentivar categorías antagónicas: como hombre-mujer, indígena-mestizo, heterosexual-homosexual, y otras. Se tiene que buscar la unidad, los vínculos culturales e históricos que sustenten la idea de que el pueblo de México existe.

Es posible construir un sujeto político llamado “pueblo de México” que vote por otro partido que no sea MORENA. Por ejemplo, hay mucha gente en México que tiene un gran amor por su familia, que confía en Dios, que educa a sus hijos para que valoren su educación y el trabajo; forman el pueblo que sale a vender a las calles, a los tianguis y a marketplace, es un pueblo amigo del comercio. ¿Qué le impediría votar masivamente por la derecha? Nada, salvo que a la derecha no le interesa dialogar con ese sujeto político.

A la derecha liberal le parece preferible extremar el individualismo y negar la existencia del pueblo. En su lugar hablan de la sociedad civil, que es una élite politizada. Esas élites creen que es más importante la corrección política que acabar con la pobreza. Creen erróneamente que ellos representan la democracia y que si la mayoría está en su contra es porque la mayoría es tonta. Según ellos, las masas deben dejar de votar por el partido que los escucha y votar por los liberales elitistas que jamás los tomarán en cuenta. ¿Por qué tomar en cuenta al pueblo si ellos son expertos que obtuvieron su título de expertos por meritocracia? El pueblo debe callarse y dejar la democracia en manos de las élites.

Pueblo y populismo

Entre la derecha liberal y la izquierda progresista hay un punto en común: su elitismo. Aunque alaben la democracia, la verdad es que evitarán las elecciones como método para tomar decisiones. Para unos no será justo que se tome una decisión económica como cancelar un aeropuerto por una encuesta; para otros no será justo que se decida la legislación sobre el aborto con base en una votación general. Por eso siempre que digan “democracia”, habrá que sustituirla por “oligarquía”.

Quien asocie democracia con pueblo, no podrá espantarse ante el populismo de la 4T, sino que verá actualmente mayor participación de la gente, más cercanía entre pueblo y gobierno, por lo mismo una mejor representación de sus intereses. Los intelectuales anti-populistas no comprenden esto, creen que el populismo deslegitima al gobierno, y por esa senda van los partidos de oposición directo a un enorme fracaso.

En el futuro puede surgir una oposición, más conservadora que liberal, con posibilidades de disputar la hegemonía cultural a la 4T y vencerla. Acaso aprendan los conservadores a posicionarse sin complejos, a hablarle al pueblo con franqueza y obtener su confianza. Por ahora son incipientes. Quizá la nueva derrota de la oposición en las elecciones venideras dé pie a su necesaria refundación. Es urgente una buena oposición para evitar los excesos de este gobierno. Pero sin apoyo popular, de nada sirve la oposición.


Fuentes
Antonio Rangel
Líder de Opinión de Modernidades - Poeta, narrador y ensayista. Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, ahí mismo cursé la Maestría en Letras. Colaborador en diversas revistas literarias. Actualmente profesor de Literatura. Interesado en las ideas de la libertad, el debate plural y los problemas educativos.

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