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El egoísmo humano en la pandemia

El egoísmo humano en la pandemia
Foto. Archivo

Hoy en día es de vital importancia saber por qué hay grupos de personas que tratan de ayudar a la comunidad, mientras hay otro grupo de personas que, pareciera no interesarles en lo más mínimo ser empáticos con los problemas que acechan a la sociedad.

Sin duda todos hemos visto o sabido de aquellas personas que toman muy en serio las medidas y precauciones necesarias ante la pandemia y aquellas otras personas que simplemente parecieran no interesarles contagiarse o contagiar a los demás.

Es muy probable que podamos razonar el comportamiento de las personas, entendiendo la diferencia entre las especies denominadas “egoístas” y las “altruistas”, de la mano del reconocido biólogo, padre de la sociobiologia, el Dr. Edward O. Wilson, quien en su libro “El sentido de la Existencia Humana”, nos explica que existen especies que, por naturaleza, funcionan como super-organismos, con un objetivo en común que los lleva a tener un comportamiento de cooperación y apoyo mutuo para cumplir sus propósitos sociales, y otras especies, como la humana, en donde prevalece la rivalidad, la competencia y el enfrentamiento.

Las abejas, las termitas, las hormigas y algunos tipos de peces, son ejemplos de las especies que funcionan como super-organimos, que se caracterizan por ser solidarios, tener inteligencia colectiva, una compleja comunicación y organización social para la división y la especialización del trabajo que realizan con el fin de cumplir sus objetivos colectivos.

El Dr. Wilson nos explica que las formas más complejas de organización social surgen de niveles elevados de cooperación. Es decir, las especies que logran cumplir los objetivos que tienen en común, como la alimentación, salud y el cuidado de todos los miembros del grupo, evidentemente son las que más cooperan para funcionar como un solo organismo funcional.

A diferencia de los humanos, los animales tienen un nivel de comunicación excepcional, utilizando quimio-rreceptores que les indican cuándo es el momento más adecuado para reproducirse, comer, ayunar, liberar y guardar energía, entre muchas otras funciones que realizan “automáticamente” por el bien de toda su especie.

El Dr. Wilson nos explica en su libro que las especies altruistas y la mayoría de “animales, plantas, hongos y microbios dependen exclusivamente o casi exclusivamente de un conjunto de sustancias químicas (feromonas) para comunicarse con miembros de su misma especie. También reconocen otras sustancias químicas (alelomonas) para identificar especies distintas que podrían ser presas, depredadores o simbiontes”, una comunicación muy efectiva que los ayuda a mantener ese comportamiento de apoyo mutuo y empatía por los demás miembros de su especie o incluso de otras especies.

Como podemos ver, los seres humanos no gozamos de una comunicación tan especializada y definitivamente no tenemos las características de super-organismos. Esto se podría deber, principalmente a que, a diferencia de los demás animales, los seres humanos somos conscientes de nosotros mismos, es decir, tenemos un “sentido del yo”, lo que nos lleva a pensar y a actuar solo en beneficio de nosotros mismos y a dar prioridad a nuestras necesidades por encima de las de los demás, por el egoísmo innato.

Esa consciencia que nos diferencia de los animales, es lo que nos caracteriza principalmente como seres humanos. Como diría Gerald Edelman y lo retomaría el Dr. Wilson en su libro, “la consciencia es lo que avala todo lo que consideramos humano y valioso. Consideramos su pérdida permanente como un equivalente a la muerte, aunque el cuerpo siga mostrando signos vitales.

Podemos concluir, como nos lo explica el Dr. Wilson, que “la especie humana no es un super-organismo y la sociedad humana tampoco lo es, son sociedades de mamíferos que se han desarrollado gracias a la inteligencia, las formaciones de contratos y el lenguaje, gracias a la habilidad de cooperar incluso para preservar y mejorar su propia individualidad”, es decir, la naturaleza de los seres humanos es ser cooperativos solo cuando está de por medio nuestro interés propio.

En este sentido, sería conveniente analizar el comportamiento de aquellas personas egoístas, pues es muy probable que solo estén expresando su propia naturaleza humana. Comenta el Dr. Wilson, “Debemos aprender a comportarnos, pero mejor no nos hagamos ilusiones de domesticar la naturaleza humana”.

Yo considero que la consciencia de sí mismo de los seres humanos, es la característica principal que nos hace poderosos para decidir qué es lo mejor y lo peor para nosotros mismos. Creo que, a pesar de que la naturaleza humana, como especie es ser egoísta, las personas egoístas han decidido expresar y manifestar su naturaleza humana para preservar su propio interés, mientras que las personas altruistas son conscientes de que el ser solidarios, desarrollar inteligencia colectiva y una comunicación más especializada, actuando como super-organismos, nos ayudará a cumplir con las metas y objetivos colectivos de la humanidad, creando salud, abundancia y prosperidad por y para el bien de todos.

“Los miembros egoístas prosperan dentro de sus grupos, pero los grupos formados por altruistas se sobreponen a los grupos formados por egoístas”. Edward O. Wilson, “El sentido de la existencia humana”.

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