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Del linchamiento digital: la lluvia de vulgaridades

Del linchamiento digital: la lluvia de vulgaridades
Foto. GettyImages

Hay en nuestra época un fenómeno social que en inglés se conoce como shitstorm. Traduzco el término como: lluvia de vulgaridades. Sé que mi traducción es criticable. Admito que tiene mayor elegancia la propuesta de la FudéuRAE: linchamiento digital. De cualquier forma, lo principal es explicar los motivos de esa lluvia de vulgaridades, y qué dice de nuestro tiempo un fenómeno así.

En México vive una experta en este tema: Ana María Olabuenaga, tomo de ella una definición de linchamiento digital:

Es el proceso mediante el cual  se desata una tormenta de indignación e ira en el mundo online a través de las redes sociales digitales […] contra una persona o institución, por sus dichos o hechos, sin que medie ningún tipo de proceso legal. (258)

Ana María Olabuenaga,

¿Quiénes son los linchadores? Son influencers, bots, medios online, medios tradicionales, las masas de usuarios e incluso instituciones. En cierto sentido, todos somos los linchadores. Todos a una (como en Fuenteovejuna) nos subimos al tren del mame, al trolleo y podemos llegar desencadenar la muerte offline de un linchado.

El principal problema con el término “linchamiento digital”, es que no da cuenta de que sus repercusiones van más allá de lo digital. Las consecuencias para quien lo recibe pueden ser la pérdida de trabajo, de reputación, de grado académico, de bienes materiales y también de la vida.

El linchamiento digital no es un chiste

En mi infancia era habitual el siguiente chiste: iba por la calle y vi una pelea de tres hombres contra uno, entonces me pregunté si debía intervenir. Después de pensarlo un minuto, intervine: entre los cuatro aplastamos a ese tipo.

Hoy al ver Twitter y Facebook pienso que volverse el cuarto agresor no es un chiste, sino la actitud más natural de las personas en el reino digital. Basta pensar de nuevo en el escenario del chiste, imaginemos que alguien pregunta: ¿por qué lo golpean? Y uno de los agresores dice: ¡es un acosador! ¡Un ladrón! ¡Un pedófilo! Apuesto que las personas lo atacarían antes que defender su presunción de inocencia.

Una prueba de cómo cambian ciertos valores de una generación a otra es la pelea de tres contra uno. Mientras que cierto sentido de la justicia sugiere defender a un individuo de un ataque masivo, sin importar las causas por las que lo atacan; hay otro impulso que lleva sumarse a la mayoría, al pueblo “que despertó”, y a tirarle piedras al linchado del día.

Aunque el linchamiento digital parezca justicia por mano propia, en realidad es la mano de la muchedumbre la que ataca. Hay que decirlo: es una mano cobarde. Si todos arrojamos piedras no sabremos qué piedra fue la que asestó el golpe fatal. Si todos pusimos un leño verde y todos encendimos la hoguera se dirá que fue el fuego quien mató al quemado, pero nadie en particular dirá: yo soy el responsable de esa muerte. ¿Cómo rechazar el don de la irresponsabilidad, la dicha de ser violento sin consecuencias?

No mirar al linchado

El asunto que busco problematizar no es la presunción de inocencia, sino la tendencia a exponer lo privado y a castigarlo públicamente. Porque en el linchamiento digital hay un traslado de lo privado a lo público para llevar a cabo un castigo.

Un filósofo notable de finales del siglo XX escribió:

Lo que caracteriza la acción violenta, lo que caracteriza la tiranía, es el hecho de no mirar de frente aquello a lo que se aplica la acción.

Emmanuel Levinas

A pesar de que Levinas murió antes del auge de internet, me parecen palabras que esclarecen nuestra virtualidad. Por las redes sociales no miramos de frente el daño que podemos hacerle a las personas con quienes interactuamos. En vez de ver el rostro de las personas y con ello su singularidad y su vulnerabilidad, lo que vemos son etiquetas: “racista”, “homófobo”, “xenófobo”, “machista”, etc.

Al reducir a una persona a un calificativo, la deshumanizamos. Nos olvidamos de su complejidad, de su grado de singularidad y de su potencialidad. Características sin las cuales es imposible tener en verdad relaciones éticas. Como hacemos lo contrario, generalizamos, estereotipamos y, sobre todo, justificamos la violencia sobre esa persona.

Climas propicios para el linchamiento digital

Ahora bien, los linchamientos digitales pueden subdividirse entre aquellos impulsados por causas políticas, otros por razones comerciales o por reprender un tipo de actitud antisocial.

Cuando se trata de políticos se entiende que hay opositores con interés para aprovechar el momento y atacar al adversario. Las campañas de odio que se hacen contra Felipe Calderón, Fernández Noroña, Margarita Zavala, AMLO, son más orquestadas que espontáneas. También lo son las campañas contra periodistas como Carlos Loret de Mola, Ciro Gómez Leyva, Pedro Ferriz, Víctor Trujillo. El clima propicio para el linchamiento digital se construye.

Los linchamientos ideológicos me parecen más peligrosos porque pueden dirigirse contra personas sin medios para defenderse, o contra personas más susceptibles de sufrir por la hostilidad. Han sido trágicos los casos de Marcelino Perelló y Armando Vega Gil, sin embargo, como se ha vuelto una práctica generalizada, hoy se funa o se lincha en pequeña escala en grupos de Whatsapp, en escuelas, oficinas. La sociedad ha aceptado la vigilancia permanente de las redes sociales. Éstas son ahora tribunales, un panóptico virtual que nos vigila y castiga.

El linchamiento deshumaniza

Nadie es excesivamente virtuoso, porque una virtud llevada al exceso, en realidad es un vicio. Para que las virtudes no se quemen ni queden crudas, deben dejarse en término medio. Es lo que recomendaba Aristóteles. Esto lo digo a propósito de los justicieros, que en su afán de enderezar entuertos, exhiben personas, dañan su imagen y no se hacen responsables por las consecuencias. El supuesto “súper civismo” de los que se asumen paladines del bien contra los corruptos y gandallas, también puede ser una ética de la convicción irresponsable.

En suma, estamos en una época de linchamientos digitales, que además de ser lluvia de vulgaridades, podríamos dividir en dos tipos: en las que subyacen intereses políticos y en las que sucede una avalancha espontánea, una algarada de odio inexplicable. En ambos tipos de linchamiento hay un gran olvido de la singularidad y la complejidad de cada persona, lo que provoca su reducción a una etiqueta.

Como el linchamiento digital es un fenómeno vivo, se tendrá que continuar estudiando y discutiendo. Mi perspectiva es que uno de los problemas asociados con este asunto radica en la generalización que se hace de un momento personal para volverlo un tema público, ya que ello hace olvidar la fragilidad, la humanidad, de los implicados. Y no sólo deshumanizamos a quien linchamos, también linchando nos deshumanizamos a nosotros mismos. A pesar de que el mundo virtual parezca otro, es el mismo mundo, en el que la gente tiene familia, momentos buenos y malos, por lo que puede sufrir por las palabras que se lanzan.

Es más fácil enojarse que soltar el enojo. Por eso pienso que es preferible hacer un esfuerzo por mirar la violencia propia y la fragilidad del otro. No digo que sea fácil.


Fuentes

  • Garcés Brito, Maybeth, (2020) “Linchamientos digitales: distancia y juicio en las redes. Una reflexión a partir de Hated Nation de Black Mirror”, en LOGOI, Revista de filosofía, (37), 22.
  • Olabuenaga, A. M., (2019) Linchamientos digitales, Paidós. México.
  • V. V. A. A. (2018) El linchamiento digital: Acoso, difamación y censura en las redes sociales, ed. Basilio Baltasar, Fundación Santillana. España.

Antonio Rangel
Poeta, narrador y ensayista. Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, ahí mismo cursé la Maestría en Letras. Colaborador en diversas revistas literarias. Actualmente profesor de Literatura. Interesado en las ideas de la libertad, el debate plural y los problemas educativos.

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