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Calaverita literaria – La más corrupta de la 4T

2004 fue el año que le cambió la vida,

Ana Gabriela siempre quedaría agradecida,

un encuentro con la huesuda y zaz: una medalla ganaría,

una presea de Plata la velocista se llevaría.

A cambio, el alma más corrupta en deuda quedaría,

Ana Gabriela contenta quedaría:

viva y con una medalla, no entendía el trato que le muerte le proponía.

Su carrera despegó, pues a la política se acercó,

del Senado a Diputados, y a la Conade llegó.

En un símbolo de la Cuarta Transformación se convirtió: primera atleta en presidir el deporte,

y sí, todo un símbolo fue de los moches y el recorte.

En la caja chica de Guevara el FODEPAR se convirtió,

de financiar a lxs atletas, a triangular recursos la velocista se comprometió.

A pocas empresas, el dinero repartió

pues en amigas y amigos se invirtió

y Ana Gabriela Guevara impune quedaría.

Mientras, la Parca sonreía al ver que su deuda pronto saldaría,

Tokyo 2020 llegaría y su artimaña a la luz saldría.

Pronto su esquema fue denunciado

y el FODEPAR y el dinero serían cosas del pasado.

De las becas el deporte de élite fue privado

y el recurso para lxs medallistas olímpicxs fue recortado.

Quejas y reclamos crecieron y Guevara sólo del Viejo ya era del agrado.

Para recuperar la popularidad, premios para todxs prometió,

sin importar si ganaron o no medallas, cualquier atleta dinero recibiría.

Pero la sospecha acecharía con las investigaciones de la Auditoría,

pues de dónde el dinero saldría.

Ana, pavorida estaba: ¿una comparecencia su impunidad frenaría?

“Din, don” y a su puerta una vieja amiga llegaría,

la huesuda una deuda a cobrar es lo que venía,

Guevara, altiva, pensaba que un favor de nuevo le ofrecería.

El velo de la impunidad es lo que Guevara pediría,

por recomendación de su amigo Lozoya, ella lo conocía.

La huesuda le recordó que su medalla un costo tenía

y 17 años volverse el alma más corrupta le tomaría,

Guevara indignada, su mejor talento echó a andar

años habían pasado, pero al correr nadie la podía igualar.

Al llegar a la puerta, por un momento creyó que a la muerte había podido librar,

abrió la puerta y de un tajazo la parca su alma al fin le pudo arrebatar.

Ahora Guevara deambula, en búsqueda de más moches por llevar,

pues hasta en el más allá su codicia no podía parar.

Calaverita literaria – Ana Gabriela Guevara, la más corrupta de la 4T
Foto. Récord

David Villalobos
Redactor de primer nivel de Modernidades - Soy comunicólogo por la UNAM con fascinación por la vida pública y aprender cosas nuevas. Para conjuntar mis pasiones, he colaborado en consultorías dedicadas a la política, proyectos de investigación y haciendo marketing digital. Observador de tendencias, ingenuo creyente de la voluntad humana y amante del café.

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